Susana Balbo fue distinguida este año con el Decanter Hall of Fame 2024, uno de los mayores reconocimientos a actores del mundo del vino a nivel global, otorgado anualmente por la revista Decanter de Reino Unido. Charlamos con ella acerca de lo que eso significa, su bodega, las tendencias en el mercado y el futuro de la viticultura argentina.
Robert Mondavi, Jancis Robinson y Robert Parker son algunas de las personalidades del vino que recibieron este galardón. El premio honra a enólogos, críticos y otras figuras influyentes que han marcado significativamente la producción, educación o promoción del vino a nivel global. Una lista que nos sirve para dimensionar su importancia y empezar a pensar a Susana Balbo como el referente que es. Su camino es el camino de muchas profesionales que tuvieron que arremangarse más que nadie para ser tomadas en serio y que hoy, varios años después, pueden tomarse un ratito para ver los frutos de ese esfuerzo.
-¿Cómo recibiste este reconocimiento de Decanter? ¿Qué significa para vos pertenecer al Hall of Fame de Decanter?
-SB: El hecho de recibir este distinguido reconocimiento, del que estoy muy orgullosa, me ha llevado a pensar profundamente en cómo expresar los sentimientos que me genera.
En primer lugar, pensé en enfatizar en el hecho de haber sido la primera graduada argentina de la Universidad de Enología, pero me parece más importante destacar el haber tenido la oportunidad, a una edad temprana, de sumergirme con toda la energía y la pasión de la juventud a protagonizar tiempos de profundos cambios en la vitivinicultura argentina, enfrentando muchos desafíos, uno de los cuales fue mi condición de ser mujer. Esos cambios han conducido al vino argentino a tener un reconocimiento mundial por su calidad y consistencia. Ser una de las protagonistas de esa época no ha sido una influencia menor en mi vida, por el contrario, ha sido una poderosa motivación para abrazar la innovación como uno de los pilares de mi trabajo.
No es menor mi gratitud a esos momentos históricos de la vitivinicultura que me han llevado a recibir este distinguido reconocimiento, a mi trabajo incansable, mi capacidad de resiliencia, mi capacidad de formar equipos. Equipos que me han acompañado durante todos estos años y sin los cuales no estaría hoy en el lugar que la vida me ha puesto. Además, quiero decir que este logro es compartido con ellos y especialmente con mis dos hijos que me han acompañado, codo a codo, en los últimos 12 años y estoy profundamente agradecida a ellos, porque estoy segura de que, juntos, estamos dejando un legado para el futuro de mis nietos. Por esto, y muchas razones más, es que el sentimiento más potente que me genera este reconocimiento es una profunda gratitud.
-¿Qué fue lo que te convocó del mundo del vino? ¿Por qué quisiste seguir esta profesión?
-SB: Decidí estudiar Enología porque era una de las carreras disponibles en mi provincia, Mendoza, y fue un poco por descarte debido a que la carrera que yo quería estudiar, Física Nuclear, no estaba en Mendoza y por aquellos años mis padres no me permitían salir para cursar en otro lugar por las condiciones políticas que había en la Argentina.
No me arrepiento de la decisión porque la enología me ha llevado a lugares que nunca soñé que podía llegar y a conocer toda la gente que he conocido en el mundo con la que hablamos el mismo idioma y compartimos la misma pasión, lo que realmente nos encanta. Los enólogos somos ciudadanos del mundo y habitamos el mundo del vino que es muy particular y fantástico. Jamás me arrepentiría de esa decisión.
Desde Cafayate al mundo
Susana Balbo no sólo fue la primera enóloga de Argentina, sino que empezó en el mundo del vino con un desafío aún mayor en la bodega Michel Torino en Salta. Después de vencer a 88 solicitantes masculinos para conseguir su puesto, se trasladó a Cafayate y revolucionó el pueblo, transportando personalmente materiales a través del peligroso paso andino cuando los conductores de camiones se negaban a hacerlo.
«Siempre se estaba desafiando a sí misma para avanzar y continúa haciéndolo hoy en día», dice Mariano Di Paola, quien trabajó con ella en Bodegas Esmeralda (ahora Catena Zapata) a principios de la década de 1990.
Mucho tiempo pasó desde esa experiencia que la moldeó y que fue parte fundamental de su formación. Actualmente posee su propia bodega Susana Balbo Wines, con Edgardo del Pópolo al frente del equipo enológico y un grupo que la sigue a la hora de desarrollar nuevos vinos. “Todo proceso de desarrollo de una nueva línea de producto es un trabajo en equipo en donde todos participamos, incluida yo misma”, dice.
-¿Cuáles son esos acontecimientos de tu vida que te trajeron a este lugar en el que hoy estás?
-SB: Puedo mencionar mis inicios en Cafayate, Salta, donde, como era la única mujer enóloga en todo el Valle de Calchaquí, tuve que demostrar que tenía talento y que sabía lo que hacía. Era muy joven y la verdad es que todos me consideraban como inepta o como que iba a fracasar. Todos apostaban más por mi fracaso que por mi éxito. El mayor prejuicio que enfrenté es que una mujer pudiera dirigir una bodega, hacer vinos y tener éxito haciendo lo que estaba haciendo.
Los desafíos que tuve que enfrentar en Cafayate sin dudas me templaron para el futuro. La verdad es que si bien en esos momentos había muchos sentimientos de frustración o de impotencia cuando no se podían hacer las cosas adecuadamente o como me hubiera gustado, me ayudó a aprender a manera esa frustración y a moverme en medio de la incertidumbre y siempre analizar si podía solucionar los problemas o no. Aumentó muchísimo mi creatividad y esa capacidad de resolver problemas inesperados y con muy pocos recursos. Creo que es una experiencia muy interesante para que todos pasemos en nuestra vida, sobre todo a una edad temprana. Luego el camino se hace más fácil cuando una sabe que cuenta con recursos dentro de uno mismo y que no depende de lo que está afuera o de lo que nos ofrecen.
-Fuiste pionera en el desarrollo del Torrontés como vino de calidad en el país ¿Por qué se te ocurrió desarrollarla?
-SB: Cuando llegué a Cafayate, Salta, en 1981, el Torrontés representaba el 75% de las uvas que habían plantadas en la bodega donde yo trabajaba. Entonces, o aprendía a hacer buenos vinos Torrontés o mi trabajo iba a durar muy poco. Dejando eso de lado, que es hoy anecdótico, lo que hago diferente justamente es trabajar de una manera muy respetuosa con respecto a la variedad, resignando aromas a efectos de obtener complejidad y obtener elegancia. Lo que yo veo en el Torrontés es una enorme versatilidad que te permite hacer todo tipo de cosas: podés hacer jugos con nada de alcohol, podés hacer vinos bajos en alcohol con aromas interesantes, podés hacer vinos dulces naturales para la gente joven que gusta de beber vinos dulces y fríos, podés hacer vinos un poco más serios y fermentados en barriles de roble e incluso podés usarlo para cortes. Es una variedad que tiene una versatilidad que pocas otras tienen, y además expresa una personalidad muy distinta según el suelo y el terroir en el cual lo cultivamos. Sus posibilidades son infinitas.
-¿Hay alguna otra cepa que le veas el potencial que tuvo el Torrontés?
-SB: Como enóloga con 42 años de experiencia elaborando vinos y habiéndome especializado en el Torrontés, no me cabe duda que el Torrontés es la variedad que ha podido ocupar, entre las blancas, el mismo lugar que ocupa actualmente el Malbec, especialmente porque es irrepetible en otros países y no se está en este momento cultivando en ningún otro lado que no sea en Argentina. Sin embargo, hay variedades como el Chardonnay que, cultivado en zonas muy altas como en la zona de Gualtallary y San Pablo, con suelos calcáreos y con amplitudes térmicas muy importantes, están dando vinos de crianza de altísima calidad, con estilo propio y con una mineralidad que los hace únicos. El hecho de que Argentina aún no tenga más vinos blancos en los mercados es claramente una decisión de las empresas, no por falta de potencial en su terroir para poder producir vinos blancos de altísima calidad.
-¿Pensás que es más fácil o más difícil innovar ahora que antes?
-SB: Innovar siempre es difícil porque significa creatividad pura y no tentarte a seguir lo que hacen los demás. Innovar significa estar un paso más delante de los demás. Por lo tanto, es un proceso que siempre ha sido difícil, antes y ahora.
-A la hora de desarrollar nuevas líneas y vinos ¿seguís las tendencias o preferís salir con algo que, aunque no estés segura de que va a funcionar, sea completamente original?
-SB: Nunca estás seguro si una línea de producto va a ser exitoso o no. Por consiguiente, siempre se toma un riesgo al generar una nueva línea de producto. Lo que hacemos en nuestra bodega de forma conservadora es un test de una determinada cantidad de cajas que no signifiquen una gran pérdida para testear en el mercado. Si resulta exitosa, para la siguiente cosecha hacemos más cantidad.
-¿Qué vino que no hiciste vos (nacional o internacional) te hubiera gustado hacer?
-SB: Me hubiera gustado poder hacer en Argentina vinos de solera, bajo velo, tipo sherry. Aún no descarto en algún momento.
-¿Qué te imaginas en un futuro para la bodega Susana Balbo?
-SB: Nuestro objetivo no está en crecer indefinidamente, sino en balancear nuestra presencia con una nueva bodega y una expansión en viñedos para poder depender menos de los productores externos y llevar a un equilibrio de entre 40% y 50% de producción de uvas propias, elaboradas en nuestras bodegas localizadas en los viñedos más emblemáticos. Además, queremos seguir profundizando nuestro modelo de ser innovadores y pioneros en vinos blancos y rosados de alta gama y también fortalecer el mensaje de que Argentina no es solo Malbec con la llamada “Revolución de vinos blancos de Argentina”.
Susana destaca no solo los momentos históricos de la vitivinicultura argentina, sino también a quienes la han acompañado en este camino: “Creo que he tenido la capacidad de formar buenos equipos que me han acompañado durante todos estos años y sin los cuales no estaría hoy en el lugar que la vida me ha puesto. Además, quiero decir que este logro es compartido con ellos y especialmente con mis dos hijos que me han acompañado, codo a codo, en los últimos 12 años y estoy profundamente agradecida a ellos, porque estoy segura, de que juntos, estamos dejando un legado para el futuro de mis nietos”.