Sierras, ríos y un Sauvignon Blanc de 96 puntos

Por Ana Paula Arias

Vivir en este país es presenciar una nueva coronación de gloria todos los días. No es soberbia: es amor. Y un registro de nosotros mismos que no es fácil de evitar. En el mundo del vino, eso pasa aún más seguido gracias a la cantidad de etiquetas que casi a diario ganan medallas y concursos internacionales. Pero no nos acostumbramos, el reconocimiento siempre es alegría y más cuando nos agarra desprevenidos.

Córdoba está vinculada popularmente a dos bebidas en particular: la cerveza y el fernet.

Pero, para los vinófilos, pensar en esos términos es un error. Es sabido que se trata de una provincia con tradición vitivinícola, y que Tim Atkin eche luz sobre una zona como el Valle de Calamuchita era inevitable.
Así, en su Argentina Special Report 2024, el crítico opinó que el de la bodega cordobesa Estancia Las Cañitas “es uno de los mejores Sauvignon Blanc del hemisferio sur” y estilísticamente similar a los del Valle de Loire. De la misma bodega, se sumaron en su reporte el Familia Navarro Torre Cabernet Sauvignon-Malbec con 94 puntos y el Familia Navarro Torre Sauvignon Blanc 2023 con 93 puntos. Enhorabuena entonces el fogoneo de los rankings y los concursos para darle la importancia que merece.

La bodega
Estancia Las Cañitas empezó como proyecto en el ‘98 y se cristalizó con la primera cosecha en 2007. En ese momento era difícil pensar en vinos de calidad por fuera de Cuyo o los viñedos tradicionales de Argentina. Pero el equipo de Juan Navarro Torre, dueño de la bodega, más el enólogo Gabriel Campana, tenía un as bajo la manga: el microclima de Villa Berna, en la parte alta del Valle de Calamuchita.

“Este entorno natural increíble se caracteriza por un clima serrano fresco, medianamente húmedo de altura, a 1280 metros sobre el nivel del mar, con pendientes de hasta 5%, lo que contribuye a una gran amplitud térmica”, cuenta Campana y agrega: “la flora que rodea los viñedos son hierbas serranas como menta peperina, zarzamoras, rosas moquetas, pinos, cipreses y robles, que le imprimen un carácter único a las vides que allí crecen”. Las ocho hectáreas de viñedo que posee la bodega se encuentran en microparcelas con perfiles de suelos pedregosos, donde abunda el granito, el cuarzo y la mica. El Sauvignon Blanc encuentra en este entorno un lugar interesante para dar notas poco típicas de este lado del océano.

La influencia de un terruño
Córdoba tiene un gran potencial para la producción de vinos blancos, debido a sus variadas condiciones climáticas y de suelo. Comparado con otras regiones del país, ofrece frescura y una identidad propia, contribuyendo a la diversidad del vino argentino.

“Los blancos presentan estilos ligeros, especiados, pero con una muy buena intensidad aromática; tenores de alcohol bajo a moderado y un perfil que combina características de regiones de clima más frío con otras de clima más cálidos”, comenta Gabriel y sugiere que “esto está alineado con la creciente demanda que los consumidores tienen de vinos particulares, que transmitan un origen”.

Con este panorama, contando los incipientes viñedos en climas más extremos como los de Uquía en Jujuy o los de Bahía Bustamante en Chubut, Argentina se convierte en un país donde se puede elaborar vino casi en toda su extensión. Pero, ¿esto quiere decir que se puede elaborar cualquier vino en cualquier lado? Rotundamente, no. La expansión del mapa vitivinícola argentino se debe, principalmente, a un entendimiento del terruño y de cómo ciertas cepas funcionan (o no) en ciertos climas.

Ya no se trata de encapricharse con el Malbec, sino de comprender cómo determinados entornos benefician la personalidad de cada cepa. En definitiva, prestarle atención a ese concepto tan manido como poderoso: el terroir. Por eso no es lo mismo hacer Sauvignon Blanc en Mendoza que en Córdoba, así como no es lo mismo hacerlo en Colonia Caroya que en el Valle de Calamuchita.

Tipicidad serrana
El sabor del Sauvignon Blanc es uno de los más identificables en el mundo de los vinos blancos por varios motivos. En principio porque siempre tiene una acidez crocante bien marcada y, luego, porque sus pirazinas aportan sabores herbáceos o de pimiento verde. Cuando se cultiva en climas más frescos o se cosecha temprano, el carácter verde herbáceo es más prominente. En climas más cálidos o si se deja más tiempo en la vid, el carácter de la pirazina disminuye a favor de sabores de frutas más maduras que van desde el pomelo hasta el maracuyá y la lima dulce.

El Sauvignon Blanc también puede ser una expresión del terruño. Mientras que los bordeleses tienden a mezclarse con otras variedades y envejecer en barricas de roble, los vinos del Valle de Loire adquieren el carácter del suelo, dando al vino un perfil ahumado y mineral.

Algo similar pasa en Villa Berna donde el estilo de Vórtice se asemeja a los vinos del Loire en cuanto a su mineralidad. El ambiente natural de la villa impacta directamente en la expresión del Sauvignon Blanc con una maduración es lenta y equilibrada, brindando frescura, complejidad, notas de hierbas frescas, cítricos y frutas silvestres y, por supuesto, una expresión lineal del suelo pedregoso. La altitud y el clima permiten que las uvas tengan una acidez vibrante, fundamental para la producción de vinos blancos de calidad.

En Vórtice Sauvignon blanc habitan los paisajes serranos, la pequeñez y la delicadeza de su clima, con un equilibrio entre la frescura y la complejidad. La sutil crianza en barricas aporta carácter y volumen en boca, pero siempre resaltando la frescura de la fruta y del lugar. Un vino blanco de gran potencial de guarda, con una frescura y tonada diferente.

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