Por Nicolás Orsini
Hay algo en el Sauvignon Blanc que atrapa desde el primer sorbo: su frescura punzante, sus aromas vivaces, su carácter crujiente y, a la vez, su elegancia sutil. En Argentina, esta cepa originaria del sudeste francés ha encontrado una geografía diversa para expresarse con identidad propia: desde las alturas del Valle de Uco hasta los valles patagónicos del sur extremo. Aunque su historia en el país aún es joven comparada con otras variedades, el Sauvignon Blanc argentino está trazando un camino firme, impulsado por la búsqueda de precisión, pureza varietal y expresión del terruño.
Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2021 el Sauvignon Blanc registró un total de 1.905 hectáreas cultivadas en Argentina, lo que representa el 0,9% del total de la vid del país. Si bien la superficie total cultivada de esta variedad disminuyó un 17,1% en el período 2012–2021, las zonas más frías y de mayor altitud muestran un crecimiento sostenido. Mendoza concentra el 75,9% de la superficie nacional, seguida por San Juan, Neuquén y Salta. Junto con el Chardonnay, es una de las dos variedades blancas que más han aumentado en superficie desde el año 2000.
Estilo argentino: frescura, tipicidad y nuevas alturas
Argentina ha desarrollado un perfil propio para el Sauvignon Blanc, especialmente gracias a las características de su geografía. Las zonas altas del Valle de Uco, por ejemplo, se han convertido en verdaderos hot spots para esta cepa.
Juan Pablo Solís, enólogo de Bodega Kaiken, comenta: «El Sauvignon Blanc en Mendoza logra una expresión singular gracias a la altitud y amplitud térmica. Se cosecha temprano para capturar su perfil más fresco. Los vinos resultantes tienen intensidad aromática, buena acidez y un carácter vibrante que recuerda a los Sauvignon de Marlborough».
En la misma línea, desde Rutini Wines, uno de los grandes referentes nacionales en blancos de alta gama, señalan que sus viñedos en Gualtallary y Altamira permiten obtener aromas como maracuyá y pomelo rosado, gracias al manejo preciso del viñedo y la exposición solar. «No utilizamos tratamientos con cobre, lo que preserva los tioles aromáticos. Mantenemos el vino sobre lías finas en barricas hidrodinámicas y realizamos una fermentación controlada para potenciar la expresión frutal», agregan.
Desde el sur: expresividad patagónica
En Trevelin, una de las zonas más australes y frías del país, el Sauvignon Blanc encontró un nuevo hogar. Marcelo Yagüe, de Casa Yagüe, destaca que la cepa “tiene mucho vigor en nuestros suelos fértiles y frescos, lo que hemos ido controlando con poda. Lo cosechamos después del Chardonnay y Pinot, cuando muestra más fruta blanca que notas vegetales como espárrago o arveja».
La frescura es la gran ventaja del sur. «Los días cálidos y las noches frías de marzo y abril nos permiten lograr vinos con baja graduación alcohólica y acidez natural equilibrada. Nuestra técnica actual es la maceración en prensa, para obtener vinos fáciles de beber y muy frescos», explica Yagüe.
Técnicas modernas para un blanco competitivo
El Sauvignon Blanc no deja margen de error. Por eso en Rutini remarcan que la tecnología es clave: fermentación a 20 °C para maximizar aromas, cultivo de levaduras propias en biorreactores, filtrado tangencial y uso de intercambiadores iónicos para estabilizar el pH sin alterar otros parámetros. “La cepa demanda precisión. El desafío está en equilibrar lo vegetal y lo frutal, y eso se logra en el viñedo y en bodega por igual”, señalan.
Desde Bodega Kaiken, por su parte, resaltan la inversión en técnicas como fermentación en hormigón, selección óptica de uvas y cosecha nocturna como herramientas para preservar la frescura. Además, apuntan a un manejo hídrico responsable con riego por goteo, dado que el clima mendocino les trae sólo 150 mm de precipitaciones anuales.
Comparativa global: el estilo argentino frente al mundo
A nivel internacional, el Sauvignon Blanc argentino comienza a destacarse, aunque sigue en camino a consolidarse frente a los líderes históricos como Nueva Zelanda, Francia o Chile.
«Nueva Zelanda marca el estándar en frescura y expresión aromática, pero Argentina tiene el potencial de ofrecer algo igual de vibrante con un carácter propio gracias a sus condiciones de altura y manejo del viñedo», asegura Juan Pablo Solís.
Desde Rutini también reconocen el camino por recorrer, aunque destacan que sus vinos —como los de las líneas Trumpeter y Rutini Colección— ya son referentes de mercado tanto en el país como en el exterior.
Desafíos y futuro
La helada, el granizo y la escasez de agua (sobre todo en Mendoza) son los grandes desafíos para la variedad en nuestro país. Aún así, los productores coinciden en que el Sauvignon Blanc tiene futuro.
Como señalan desde Rutini, los cortes que incluyen esta variedad van en aumento, y si bien la venta del varietal puro es acotada (1,8% del mercado nacional en 2024), su relevancia está en crecimiento.
Solís concluye: “El Sauvignon Blanc es una carta clave para conquistar nuevos consumidores. Su frescura y accesibilidad lo convierten en el blanco ideal para quienes se acercan por primera vez al vino argentino más allá del Malbec”.
Así, entre innovaciones técnicas, nuevas regiones en expansión y estilos bien definidos, el Sauvignon Blanc argentino empieza a consolidarse como una apuesta firme dentro del renacimiento de los vinos blancos en el país.