Rutini celebra los 100 años de su finca en La Consulta con una edición especial

El pasado 18 de agosto se festejó al Pinot Noir en su día internacional. Varietal buscadísimo por consumidores, temido por productores y adorado por el mundo entero. A la Pinot le debemos algunas de las apelaciones más icónicas del Viejo Mundo -como Borgoña o Champagne- pero también hits bien actuales en lugares como Australia, Nueva Zelanda u Oregon, en Estados Unidos.

En Argentina, la Pinot Noir también ha ganado su terreno. Más allá de Mendoza o la Patagonia, donde indiscutidamente se encuentra a gusto, encontramos viñedos productivos en Buenos Aires, Córdoba y hasta en las provincias del NOA. De norte a sur, de este a oeste: la pasión por la cepa no sabe de límites geopolíticos.

Pero no todo es color de rosas. La Pinot es una cepa quisquillosa, llena de mañas y detalles. Esa sutileza que esperamos en la copa debe ser bien guiada y custodiada desde la vid, con precisión y cuidado extremo. Como explica Ana Paula Bartolucci, gerenta de enología de Chandon Argentina, “El Pinot Noir para mí es un varietal que nos desafía y nos inspira al mismo tiempo. Es desafiante, porque toda modificación del terroir nos enseña y nos sorprende. Justamente por esa sensibilidad, nos obliga a ser muy precisos en el viñedo y en bodega, a trabajar con respeto y paciencia. Es importante porque permite mostrar la identidad de un lugar de una manera muy pura: con elegancia, frescura y sutileza”.

También cuenta que su “historia con el Pinot Noir empezó de manera muy cercana, porque desde mis primeros pasos en la enología estuve en contacto con viñedos y vinos elaborados con esta variedad. Al principio fue un desafío, porque no siempre es sencillo entender cómo manejarlo, pero justamente eso fue lo que me atrapó: descubrir que cada año, cada parcela, cada cosecha te enseña algo nuevo. Con el tiempo, se convirtió en una de las variedades que más disfruto trabajar, porque no admite atajos: exige sensibilidad y precisión”.

Algo parecido opina Matías Ciciani, enólogo de la bodega Escorihuela Gascón: “Si no es la cepa más prestigiosa del mundo, pasa raspando. Es muy importante a nivel mundial y como productores, nosotros tratamos de darle ese lugar. Tenemos un foco muy importante en producir Pinot de alta gama, para que puedan compararse con los grandes exponentes del mundo”.

Una frase popular indica que al que quiera celeste, que le cueste. Pareciera ser especialmente válida cuando hablamos de este varietal, que requiere un aprendizaje distinto, incluso para aquellos productores con vastísima experiencia. Es el caso de Andrea Ferreyra, enóloga de La Celia en el Valle de Uco: “Iniciamos el proyecto en 2021, después de identificar cinco hectáreas de Pinot Noir clon 777 en nuestro viñedo. Nuestro equipo se embarcó en un proceso de aprendizaje exhaustivo, catando Pinots de diversas regiones para comprender sus expresiones únicas. Nuestra primera vendimia fue un ensayo con una producción limitada, con resultados prometedores, aunque sabíamos que podíamos mejorar. En la vendimia de 2023, nos enfocamos en los dos perfiles de suelo de la parcela (calcáreo y súper calcáreo) y en las ventanas de madurez (fresco y maduro). Los resultados fueron sorprendentes”.

A la hora de expresar un terruño, solemos pensar en que los varietales más maleables serán siempre los mejores vehículos. Pero muchos productores difieren, encontrando en la Pinot una gran oportunidad para exponer sus viñedos. “El Pinot Noir es una variedad que expresa como pocas la identidad de los terruños fríos, como por ejemplo la Champagne, la Borgoña, Oregon o Central Otago. En el caso de Mendoza, el clima frío se presenta en las zonas de mayor altitud, ascendiendo en las terrazas de la Cordillera de Los Andes. Es una cepa sensible, que exige mucha precisión en el manejo del viñedo y en la vinificación, pero que nos permite mostrar toda la frescura, acidez natural y delicadeza aromática que caracteriza a los vinos de montaña. En un contexto donde los consumidores buscan vinos tintos más frescos y con fuerte sentido de origen, el Pinot Noir se convierte en un varietal con gran proyección”, comenta Lucas Lowi, Estate Director de Terrazas de los Andes, y agrega que, por ejemplo, “En el Valle de Uco, y especialmente en las zonas altas de Gualtallary, Pinot Noir muestra una identidad única: aromas intensos de fruta fresca como cereza, guinda y frutilla, y sutiles notas de hierbas de montaña que aportan complejidad. En boca, combina una acidez vibrante con un centro jugoso y un final sedoso. La altitud, los suelos calcáreos y el clima frío nos regalan un Pinot con gran fineza, frescura y equilibrio, fiel reflejo de nuestro terroir andino”.

En el Cepillo, en cambio, “se manifiesta de una forma completamente distinta a lo que pasa en otros suelos. Tenemos 1200 m.s.n.m., un suelo arenoso con perfil calcáreo de dos metros, lo que hace que el suelo sea pobre pero al mismo tiempo retenga muy bien el agua. El perfil termina siendo muy mineral, con un tanino firme pero que se deshace, con notas a cassis, algo de moras. Y ese toque herbal del Cepillo que a nosotros nos encanta”, comenta Ciciani.

El Pinot no sólo brilla en vinos tintos y algún que otro rosado audaz. Es un actor fundamental en la producción de vinos espumosos. “Nosotros elaboramos desde vinos muy frutados, con notas de cereza y frambuesa, que funcionan perfectamente para un estilo Charmat, hasta Pinot con gran complejidad, expresada principalmente en la parte especiada. Esta última característica juega un rol fundamental en nuestros vinos espumosos elaborados por método tradicional. Además, la evolución de estos vinos es excelente, lo que los hace aún más atractivos y con un enorme potencial de guarda”, comenta Bartolucci.

En cualquier presentación, desde cualquier región, vinificado de cualquier manera: el Pinot Noir siempre va a destacar. Como decide cerrar Lucas Lowi: “El Pinot Noir tiene todo para consolidarse como uno de los tintos argentinos más elegantes, ampliando la diversidad y riqueza de nuestros portafolios”

Desde su histórica ubicación en el corazón del Valle de Uco, Rutini Wines celebra el centenario de su finca en La Consulta con el lanzamiento de Rutini Finca Centenaria La Consulta, un Malbec de edición limitada que rinde homenaje al terruño y a la historia que definieron la identidad de la bodega.

Fiel al estilo de Rutini, el vino se destaca por su perfil expresivo y elegante: aromas a violetas, ciruelas y cerezas frescas que anticipan una boca armónica, envolvente y con estructura equilibrada. Con un notable potencial de guarda de hasta 15 años, está pensado para evolucionar en el tiempo y atravesar generaciones.

“Rutini Finca Centenaria La Consulta es mucho más que un vino: es la síntesis de nuestra historia y una invitación a proyectarnos hacia el futuro con la misma pasión y compromiso que nos guiaron desde el inicio”, señalan Mariano Di Paola y Juan Pablo Murgia, quienes lideran el equipo enológico.

Esta edición conmemorativa celebra a todos los que formaron parte del camino de la bodega, desde sus orígenes hasta el presente. Solo estará disponible en vinotecas seleccionadas, restaurantes y en la tienda online de Rutini Wines.

Ubicada a 950 metros sobre el nivel del mar, Finca La Consulta es la más antigua de Rutini Wines. Fue fundada en 1924 e inscrita en el Instituto Nacional de Vitivinicultura; cuenta con 30 hectáreas de suelos aluvionales franco-arcillosos, ricos en nutrientes, que dan origen a vinos frescos, afrutados y equilibrados.

En La Consulta se cultivan Malbec, Sauvignon Blanc y Cabernet Franc, por medio de un sistema de riego tradicional que demanda precisión y trabajo manual, una práctica transmitida de generación en generación.

100% Malbec, Finca Centenaria La Consulta se cría durante 12 meses en roble francés (20% barricas nuevas, 80% de segundo y tercer uso) y armoniza perfectamente con carnes rojas a las brasas, cordero braseado, pastas rellenas con salsas intensas, empanadas de carne, locro y quesos semiduros o estacionados.

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