“Pase lo que pase, en el certamen Mejor Sommelier de Argentina siempre hay aprendizaje”: la mirada de Andy Donadío, ganadora en 2022

Por Maximo Pereyra Iraola

En unos pocos meses, entre el sábado 1 y el lunes 3 de noviembre, se celebrará la décima edición del concurso Mejor Sommelier de Argentina en el NH Buenos Aires City Hotel (Bolívar 160, CABA), el evento más importante de la sommellerie nacional. Cada tres años, este certamen convoca a profesionales de todo el país para poner a prueba sus habilidades técnicas, sensoriales y de comunicación, y se consolida como un espacio de encuentro, aprendizaje y camaradería para la comunidad del vino argentino.

Mientras nos alistamos para la apertura de inscripciones al concurso, dialogamos con Andy Donadío, ganadora de la edición 2022. Aquel año, participó junto con otros 35 sommeliers de todo el país y superó una serie de desafíos técnicos que, en una final reñida a la par de Delvis Huck y Alma Cabral, terminaron con su coronación como nueva referente de la sommellerie local y embajadora del vino argentino en el mundo.

Nacida en el barrio de Caballito, Andy egresó en 2011 de CAVE. En 2015 fue certificada como Certified Sommelier y es también miembro de la Court of Master Sommeliers. Su experiencia como profesional incluye años de trabajo en diversos restaurantes del país y del exterior, como El Baqueano, Martin Berasategui (País Vasco) y Michel et Sebastian Bras (Francia). Además, fue docente de Servicios y Bebidas en el IAG, y co-creó Tinte Vinos, un espacio de vinos, talleres y degustaciones.

-¿Qué te motivó a presentarte al certamen de Mejor Sommelier de Argentina?
-AD: Cuando me presenté por primera vez, en 2014, tenía mucha curiosidad. No conocía la dinámica ni el nivel de exigencia del concurso. Recuerdo que estudié apenas un mes antes de la semifinal, sin demasiadas expectativas. Ese año se publicaba por primera vez el top 10, y para mi sorpresa, obtuve el 5° puesto. Esa experiencia despertó algo en mí. Quise volver a presentarme, pero esta vez con más conciencia, más foco, y con ganas de dar lo mejor.

-¿Cómo fue tu camino de preparación?
AD: Me presenté en cuatro oportunidades. Cada edición tuvo su propia preparación, con grandes y pequeñas diferencias. Siempre intenté mejorar: ajustar la técnica de estudio, profundizar en los temas más débiles, practicar oratoria, servicio, y sobre todo trabajar en mi seguridad. Nunca me preparé sola; siempre lo hice en grupo, y eso hizo toda la diferencia. Estudiar con colegas enriquece el proceso y lo vuelve mucho más humano. En mi experiencia, las preparaciones muy largas no me funcionaron. Me dieron mejores resultados los entrenamientos de entre seis y ocho meses, con una primera etapa paulatina y una segunda más intensiva. En las ediciones de 2019 y 2022 también sumé preparación física y mental, que fueron claves para sostener la energía.

-¿Qué aportó esta experiencia a tu vida profesional y tu crecimiento personal?
AD: Participar en concursos me ayudó a poner en orden mis prioridades personales. Cuando te preparás también trabajás, intentás hacer deporte, mantener una vida social y familiar. Ahí la clave es la organización, la disciplina, pero también la flexibilidad. A nivel profesional, los concursos me dieron mucha visibilidad. Me abrieron puertas, me conectaron con bodegas, productores y colegas de todo el país. Y, sobre todo, reafirmaron mi compromiso con esta profesión.

-¿Cómo es el intercambio personal y de camaradería en estas instancias, más allá de lo profesional?
AD: La energía entre colegas es sin dudas lo más lindo de los concursos. La competencia es contra una misma, así que no hay espacio para el ego o la rivalidad: lo que predomina es el deseo sincero de que a todos les vaya bien. Se comparten nervios, aprendizaje y muchas emociones.

-¿Qué le dirías a un sommelier que está pensando en anotarse en el certamen y no termina de decidirse?
AD: La única forma de saber si un concurso es para vos es vivirlo desde adentro. Podés entrenar, mirar ediciones anteriores, leer reglamentos, pero nada se compara con atravesar esa experiencia en carne propia. Y pase lo que pase, siempre hay aprendizaje. Siempre salís con algo nuevo que te transforma.

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