Por Manuel Recabarren
Periodista gastronómico, editor, docente, columnista de radio y televisión, Rodolfo Reich colabora con un sinfín de medios de Argentina y el mundo.
A su currículum ahora hay que sumarle, también, el título de autor publicado. Su flamante libro “Menú del día”, lleva apenas un par de semanas en distribución. Una selección de recetas, de sabores, historias y anécdotas que exponen a la cocina en su rol más importante: el cultural. Todo narrado por la pluma deliciosa, inteligente y astuta, a la que el autor nos tiene bien acostumbrados.
-¿Cómo surge la idea de escribir este libro? ¿Siempre lo deseaste?
-RR: Escribí varios libros de gastronomía, pero ninguno con este tono, uno más íntimo, mucho más personal, también más literario. Surgió un poco por casualidad, yo conozco a la gente de la editorial, ellos hicieron otro libro que se llama “Elogios”, donde distintos autores escriben elogios a diferentes cosas.
Para la presentación de ese libro me pidieron si podía escribir un texto, que no salió en el libro, para que lo lean ahí unos actores. Era un elogio al vino. A partir de eso, me convocaron a ver si no quería hacer crecer esa idea del elogio al vino, y hablar de distintos productos gastronómicos.
Un poco nació por ello, pero también porque hice un taller de periodismo narrativo con Leila Guerriero durante tres años y ahí también pensé la escritura periodística a través de otro lugar.
A mí siempre me gustó escribir ficción y no ficción, hice alguna que otra nota en algún medio que salía del típico registro periodístico, como un modo de permitirme jugar un poco con las palabras y no estar tan encadenado a lo que hacemos los periodistas en la urgencia del día a día, que es escribir notas mucho más concretas, mucho más directas, mucho más razonables, de alguna manera. Menos abiertas, también menos profundas. De algún modo me permití ese juego, se dieron las casualidades, y así creo que salió este libro.
-¿La idea estaba clara? ¿Fue mutando?
-RR: La idea está bastante clara porque Mauro Libertella, uno de los editores, la tenía. A partir del vino, ¿por qué no hacemos otros productos? Y lo podemos pensar con un menú.
De ahí, charlándolo, fue surgiendo esta idea de sea como un menú de un restaurante, donde empezamos con el pan con manteca y terminamos con el café de postre. En el medio están las distintas comidas, más o menos en el orden que seguir en un menú.
Lo que sí, cada capítulo se fue armando caprichosamente. Al no ser un libro tan evidente o tan claro, la escritura fue diferente. Ahora van a salir unos libros míos en Catapulta sobre picadas, eso está mucho más claro. Ahí yo el sumario lo tenía más pensado; el índice, lo había pensado de antemano. Acá no, cada capítulo es un capricho.
Ese capricho permite que el el acceso al tema, que puede ser el pan con manteca o puede ser el picante, pero no existía una narración propia o una idea propia de cómo había que llegar a eso. Así que me permití que vaya saliendo un poco con mis ganas. Eso también fue un poquito, de algún modo, liberador.
-Este proyecto parece mucho más personal que otros en tu carrera, ¿fue un desafío escribir desde ese lugar?
-RR: Fue un desafío, claramente, porque a lo otro lo escribo de taquito, entre muchas comillas. Ya sé cómo se hace, es más que nada sentarme y hacerlo. Acá tenía que descubrirme a mí mismo, cómo escribir y qué decir; aunque había escrito ya alguna nota para algún medio, narrada desde mi historia personal, y vengo leyendo mucho por los tres años de taller.
Un poco lo sentí como una aventura y como un permiso. Creo que nos pasa a todos los que escribimos y nos gusta escribir; los que hacemos un periodismo menos ambicioso: todas las semanas escribo tres, cuatro notas, o lo que sea. La ambición obviamente está un poco medida. Me gustan mis notas, no es que no, pero no tienen esa búsqueda de imaginación o de juego o de recorrido personal. Acá me lo permití, eso estuvo bueno.
-¿Cómo fue el proceso de selección de productos, de recetas, de historias?
-RR: Quería que fuera como un menú, y pensé en el de un bodegón. De algún modo, quería involucrar a más lectores o que la gente se pudiera sentir más identificada. Tener algunos productos muy populares, muy básicos, muy argentinos, muy nuestros: pan con manteca, asado, ravioles. Pero también estar yo presente, con productos me toquen una fibra importante, que no sea puro populismo. La menta granizada, el alcaucil, el picante, el café.
-Hay un texto de Paulina Cocina en la contratapa, ¿por qué ella?
-RR: Hay varias causas. Es popular, es conocida, está bueno tener detrás a alguien con esa llegada. Pero más que eso, mucho más que eso, es un libro que habla de gastronomía, pero también escapa de ella y habla desde un lugar muy distinto al que solemos adoptar los periodistas gastronómicos, incluso los cocineros.
Paulina, dentro de lo que ella hace, me parece que es una persona bastante incorrecta, en el buen sentido. Eso me gusta. Y yo creo que mi libro es un poco incorrecto. No habla de la gastronomía como solemos pensarla. Me gusta su su mirada del mundo y la comunicación, me parecía lindo que estuviera. Ella fue muy generosa en aceptarlo.
-¿Cómo está siendo recibido?
-RR: A nivel ventas, no tengo la más mínima idea porque no pregunté. A nivel respuesta de redes, de gente conocida, también de comunicación, de periodistas, de influencers, de blogueros, de booktubers y todo eso, súper bien. Parece un libro que a la gente le está gustando mucho, al menos a esta gente. Y en mis redes también.
Yo estoy re contento con el libro. Fue como una zambullida en otras aguas, un caminar por otro camino, divertido, emocionante, muy personal. Espero que le vaya bien en ventas. Es una editorial divina, tiene muy lindos libros, de muchos autores muy diversos. Y me gusta mucho que tiene un precio muy sano, y que es un libro chico, fácil de leer.