Lucas Di Pasquale: repasamos el camino que convirtió una pasión en su forma de vida.

Llegar al Top 10 del Concurso Mejor Sommelier Argentina es el resultado de años de formación, entrenamiento, curiosidad y pasión por la profesión. En esta entrevista, Lucas Di Pasquale comparte su recorrido hacia la sommellerie, las personas que marcaron su formación y las claves de una preparación que combina estudio, práctica, trabajo en equipo y concentración.

Raíces y formación

El comienzo
¿Cuál crees que fue el puntapié en tu vida para elegir esta profesión? ¿Qué cosas te motivaron en ese momento?

Allá por el 2006 hice un curso inicial de vinos y destilados por pura necesidad laboral. Trabajaba en un hotel donde nadie sabía de vinos y los turistas me preguntaban seguido en el Front: “¿Qué vino me recomendás para llevar?”. El detalle era que… ¡yo era abstemio! Me decidí a aprender sin saber qué esperar y me volví un entusiasta ocasional; le encontré el gusto, aunque todavía no era un gran bebedor.

Con el tiempo, la curiosidad empezó a crecer. Para 2015 ya integraba grupos de cata, visitaba ferias y había formado mis primeros “amigos del vino”. En el verano de 2016, tras la pérdida de mi madre, encontré en la sommellerie un cable a tierra necesario: un espacio para enfocar la cabeza en algo que disfrutaba y que me trajera bienestar. Lo que empezó como un refugio y un hobby, terminó convirtiéndose en mi profesión y mi forma de vida.

Filosofía y mentores
¿Qué escuela elegiste para formalizar tu pasión por la sommellerie y cuál consideras que fue la herramienta más valiosa que te dio esa casa de estudios?

Y más allá de los libros… nuestra profesión se moldea viendo a otros, compartiendo … Durante tus años formativos, ¿hubo algún mentor que haya marcado definitivamente tu estilo de hospitalidad y comunicación?

Elegí la Escuela Argentina de Sommeliers por recomendación de colegas del ambiente. Confié a ciegas: me anoté en el curso de ingreso sin siquiera mirar el programa de estudios, y fue “amor a primera clase”. La herramienta más valiosa que me dio la EAS fue su comunidad: encontré un equipo docente inspirador y un grupo de compañeros tan heterogéneo como maravilloso, del cual me llevé grandes amigos y amigas.

Recuerdo quedar pasmado escuchando a Stefy Paiva catar a ciegas con esa pasión que la caracteriza; la contundencia y conocimiento de Fernanda Orellano; la sencillez y el humor de Alex Rodríguez para transmitir lo que pasaba en España con sus vinazos; y el encanto y calidez de Marina Beltrame. Ir a la escuela era un plan perfecto en aquel entonces, y lo sigue siendo hoy desde mi rol actual.

La actualización constante
Sabiendo que el mundo de la Sommellerie es una materia viva y dinámica, ¿cómo complementaste los estudios iniciales para alcanzar el nivel enciclopédico que exige pertenecer al Top 10 nacional?

Luego de recibirme en 2018 seguí ligado a la escuela como profesor de cursos cortos y, de a poco, me sumé al plantel de la carrera. La docencia te exige estar actualizado constantemente; como dicen, “enseñar es aprender dos veces”.

A su vez, la preparación para los concursos me dio la motivación extra para indagar profundamente en lo ya aprendido y explorar todo aquello que suele quedar fuera de los programas tradicionales. Si bien la carrera te da una base excelente, queda muchísimo por descubrir.

En paralelo, me propuse trabajar con vinos y bebidas en todos los ámbitos posibles: vinotecas, ferias, eventos y presentaciones. Estar en contacto directo con los productos y sus hacedores me amplió el horizonte de una manera sumamente enriquecedora.

El entrenamiento: rumbo al Concurso 2025

Mapeo y cronograma
Llegar a las instancias del certamen de la AAS requiere un cronograma muy personal. ¿Cómo estructuraste tu calendario en los meses previos para equilibrar la teoría, la cata a ciegas y las pruebas de servicio?

No soy fanático de estudiar en solitario; no es algo que se me dé de forma natural. A mí me potencia pertenecer a equipos de estudio, intercambiar información y catar en conjunto. Tanto en el concurso de 2022 como en este último, la estructura de entrenamiento que armó la EAS fue mi gran pilar.

Comenzamos la preparación casi un año y medio antes de competir con un cronograma extenso y muy amplio. Mi colega y amiga Michelle Elbaum comandó el entrenamiento, y su dinámica fue súper beneficiosa y entretenida gracias a la diversidad de métodos que implementó para cubrir cada aspecto del examen. Logramos conformar un grupo humano muy lindo, comprometido y solidario.

El entrenamiento colectivo
Muchos competidores forman equipos de cata. ¿Qué rol jugó el compañerismo y el cruce de información con otros colegas a la hora de afilar tus sentidos para este último campeonato?

En mi opinión, el equipo fue fundamental. El intercambio de opiniones, las distintas formas de abordar una cata y el hecho de compartir botellas convirtieron a la dinámica grupal en una de las bases de la preparación. Cada uno aportó su mirada y su experiencia a la mesa, y ese cruce nos potenció a todos.

Manejo del estrés y el escenario
Las pruebas de servicio —y con el reloj en contra— ponen a prueba la templanza de todos. ¿Cuál fue tu estrategia psicológica para mantener la elegancia, la empatía y la precisión técnica bajo esa presión extrema?

Haber pasado por esa experiencia en competencias anteriores me ayudó a encarar el servicio con mayor confianza. Es clave detectar cuáles son los puntos críticos de la prueba y entender dónde se puede priorizar la resolución ágil de la consigna por sobre una perfección idílica que te deje sin tiempo.

Aunque no es un escenario apto para ansiosos, me sirvió mucho anticipar y razonar los posibles contextos de examen. Además, aproveché cada servicio de mi vida diaria como una práctica real, sumándome a todos los entrenamientos grupales que pude.

En la alta competencia siempre hay un obstáculo inesperado o una “trampa” en el servicio; la clave está en mantener la concentración y una enorme atención a los detalles.

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