Por Nicolás Orsini
El vino de Entre Ríos es un tesoro por descubrir, aunque para entender su singularidad hay que sumergirse en su rica historia. A principios del siglo XX, la provincia se destacó como la cuarta productora de vino en Argentina, con más de 3.500 hectáreas de viñedos. Este auge fue impulsado por inmigrantes europeos que trajeron consigo una arraigada cultura vitivinícola. Sin embargo, una serie de crisis y leyes nacionales hicieron que la industria desapareciera casi por completo.
No fue sino hasta la década de 1990 que la viticultura comenzó su resurgimiento. Y en este escenario, el proyecto Los Arómitos, fundado en 2010 por la familia de Mauro Jacob, se presenta como una historia de pioneros. A diferencia de otros proyectos, su origen no está en una tradición familiar, sino en el sueño de crear algo propio en su tierra.
La familia se compone de tres hermanos: Matías, Leandro y Mauro, quien es el más joven y se encarga principalmente de la comunicación y las ventas.
El corazón del proyecto: un terroir único
El nombre del proyecto hace alusión a un árbol nativo de la zona llamado espinillo o aromito. El viñedo se encuentra en la localidad de Colonia Ensayo, a unos 20 kilómetros de Paraná.
Esta es una zona especial: ubicada en una loma a unos 90 metros sobre el nivel del mar. El relieve del terreno hace que las vides estén plantadas en pendiente, lo que ofrece un paisaje llamativo y un microclima ideal para las vides. Mauro cuenta que “esa altura y la pendiente garantizan un excelente drenaje, mientras que la brisa constante ayuda a mantener la sanidad de las plantas previniendo problemas de humedad”.
Con menos de 3 hectáreas plantadas, Los Aromitos cultiva Malbec, Merlot, Syrah, Marselan, Tannat y Chardonnay. La densidad de plantación es baja, y el sistema de conducción es en lira abierta, que dirige las vides en forma de «V» y permite que las plantas reciban más luz solar y aire.
Una de las principales características de la finca es que es una reserva natural protegida de 10 hectáreas, donde las vides conviven en armonía con un monte nativo, integrándose en un ecosistema diverso.
El proyecto, asesorado por el ingeniero agrónomo Andrés Pasadores, a quien Mauro considera “el padre del resurgimiento vitivinícola en Entre Ríos”, obtuvo la certificación de sustentabilidad de la OIA (Organización Internacional Agropecuaria) tanto para el viñedo como para la bodega. Actualmente, están en proceso de trasladar su bodega de Crespo a la finca en Colonia Ensayo para tener todas las operaciones en un solo lugar.
Vinos con identidad y palabras con historia
La bodega elabora alrededor de 12.000 litros por año, con una capacidad total de 20.000 litros. Utilizan principalmente tanques de acero inoxidable y algunas barricas de roble. La marca principal de los vinos es Ara, una palabra guaraní que significa «universo” o «ciclo». Decidieron utilizarla porque se vincula con los ciclos de la vid y con la rica herencia lingüística del guaraní, que sirvió como una “lengua franca” en la región. Otra de sus marcas es Tawé, que en guaraní era utilizada para nombrar a los pobladores de Entre Ríos.
Para Mauro las principales características de los vinos de la zona tienen su eje en que “se destacan por ser frescos, menos alcohólicos y ligeros, con notas herbáceas que reflejan el clima local. La variabilidad de un año a otro es una característica distintiva de los vinos entrerrianos, similar a lo que sucede en regiones europeas”.
Esta variabilidad se debe a factores como la lluvia que produce vinos muy diferentes: algunos más ligeros y con menos alcohol, y otros que, por la sequía o el calor, pueden parecer vinos del norte del país.
Esto representa un gran desafío para los enólogos, que aún están buscando cuál es el mejor camino para definir un estilo de vino 100% entrerriano. Hoy en día “el estilo de Los Aromitos se acerca más a los vinos franceses, con un foco en varietales y blends”, cuenta Mauro.
Si hablamos de variedades, el Tannat tiene bien ganado el lugar como la variedad insignia de la provincia. Aunque hoy es el emblema de Uruguay, llegó por primera vez a América a Entre Ríos en 1860, traído por inmigrantes vasco-franceses que ingresaron por Concordia. La variedad se adaptó muy bien y se expandió por toda la provincia antes de pasar a Uruguay.
El Marselan, cruce entre Garnacha y Cabernet Sauvignon, es otra de las variedades destacadas que llegó desde Uruguay y se amoldó bien al clima de Entre Ríos. Además de tintos, los vinos blancos también se dan muy bien en la zona, donde hay espumantes y blancos de Chardonnay.