Por Camila Barreiro
Los World’s Best Vineyards anunciaron su edición 2025 en Margaret River, Australia, y Argentina volvió a tener una presencia fuerte: siete bodegas quedaron dentro del Top 50 mundial. El ranking, elegido por un jurado internacional, destaca no solo la calidad de los vinos, sino también la arquitectura, el paisaje, la gastronomía y las experiencias que viven quienes visitan cada proyecto.
Dentro de la lista, dos bodegas mendocinas quedaron una atrás de la otra y se convirtieron en las grandes representantes locales: Durigutti Family Winemakers, en el puesto 11, y Bodegas Salentein, en el 12. Dos estilos distintos, dos regiones con identidad propia (Las Compuertas y el Valle de Uco) y una misma conclusión: el enoturismo argentino sigue creciendo.
Durigutti Family Winemakers: Las Compuertas como experiencia completa
Durigutti Family Winemakers se consolidó este año como la bodega argentina mejor posicionada en el ranking. El proyecto, liderado por los hermanos y enólogos Héctor y Pablo Durigutti, tiene su base en Finca Victoria, en Las Compuertas, una de las zonas históricas de Luján de Cuyo. Allí trabajan con viñedos centenarios, agricultura orgánica certificada y el foco puesto en construir un ecosistema donde el vino convive con un corredor biológico.
La propuesta enoturística se fue ampliando en los últimos años: visitas guiadas, casas de huéspedes, espacios para eventos y dos restaurantes con impronta propia. El primero es 5 Suelos – Cocina de Finca, ya reconocido por la Guía Michelin. El segundo, Las Compuertas Bodegón, una experiencia más relajada. Ambas bajo la dirección de la chef Patricia Courtois.
Para Héctor Durigutti, el premio tiene una lectura que va más allá de lo individual. “Lo más importante en esto es que Argentina sigue estando con 7 bodegas dentro de las mejores 50 del mundo. Eso sigue posicionando a la Argentina en el mundo”, señala.
“Vengo diciendo hace un par de años que hay que apostarle al turismo y al turismo local. Creo que no se va a vender más vino del que se está vendiendo, pero si la gente te visita puede beber más vino en tu bodega y comprar de forma directa. Por eso la idea hoy es hacer una experiencia integral dentro de una bodega”, cierra Durigutti.
Bodegas Salentein: la pionera del Valle de Uco se renueva
La bodega del Valle de Uco fundada a fines de los ’90 por el empresario holandés Mijndert Pon fue una de las pioneras en impulsar la zona como destino en sí mismo. Desde el inicio, los viñedos de altura, la arquitectura icónica en forma de cruz diseñada por Bórmida-Yanzón y una propuesta turística amplia marcaron su identidad.
Casi treinta años después, la bodega sumó recientemente un nuevo capítulo con el relanzamiento de su restaurante Salentein Cocina de Origen. Totalmente renovado por la arquitecta mendocina Consuelo Delgado, el espacio combina materiales nobles, mesas de madera de olivo creadas por el artista Pablo Comadrán y grandes ventanales orientados a la Cordillera.
La cocina, a cargo del chef Matías Gil Falcón, se basa en producto local y estacionalidad, apoyada en la nueva huerta xerófila donde conviven flora nativa y cultivos comestibles. En paralelo, se presenta La Cava de la Familia, un espacio pensado para resguardar las botellas de la guarda familiar Pon y, por primera vez, ponerlas a disposición de los visitantes mediante una experiencia de maridaje que combina historia, añadas antiguas y un nivel de detalle poco habitual.
“Sin dudas este tipo de premios es importante. Ayuda realmente a posicionar a Bodegas Salentein, al Valle de Uco y a Mendoza como un destino de enoturismo de primer nivel internacional” analiza Matías Bauzá, director de Marketing de Bodegas Salentein. “Para nosotros el turismo en la bodega siempre ha sido una prioridad. Hoy es un momento clave para potenciar la apuesta y generar nuevas experiencias que atraigan a más personas al mundo del vino”.
Enoturismo global: un sector que sigue creciendo
El contexto internacional respalda estos reconocimientos. Según el Informe Global sobre Enoturismo 2025 de la Hochschule Geisenheim, dos de cada tres bodegas consideran que el turismo es rentable y cerca de un cuarto de su facturación proviene de esta actividad. El estudio –basado en datos de 1300 bodegas de 47 países– confirma que el enoturismo pasó de ser algo puntual a un eje central: impulsa economías regionales, sostiene comunidades rurales, preserva patrimonio y responde a una demanda creciente de experiencias auténticas.
Aunque las catas, las visitas guiadas y los recorridos por viñedos siguen siendo la base, crece la búsqueda de propuestas complementarias como: maridajes, talleres, gastronomía de cercanía, arte y eventos. También aumenta la presencia de visitantes entre 25 y 44 años, interesados en sostenibilidad, buena cocina y experiencias más inmersivas.
En este escenario, proyectos como Durigutti y Salentein funcionan como ejemplos locales de lo que hoy demanda el turismo del vino: autenticidad, territorio, mirada sostenible y relatos capaces de ir más allá del vino. Que siete bodegas argentinas estén entre las 50 mejores del mundo refuerza el rol del país como destino enoturístico.
Con un consumo global de vino que tiende a moderarse, el enoturismo se consolida como una vía clave para expandir la cultura del vino y acercarla, sin solemnidad, a quienes quieren conocer de dónde viene lo que toman.