Forma, diseño y material: las copas y su influencia en el servicio

Tal como la conocemos, la copa de vino nació aproximadamente en el siglo XV en Venecia. Sin embargo, en aquella época los procesos para purificar el vidrio determinaban a su vez que el material fuera más frágil y menos durable. Fue recién en el siglo XVII cuando el inglés George Ravenscroft, desarrolló un método para que sus copas fueran a la vez cristalinas y fuertes sumando plomo a la composición.

En aquel entonces, se acostumbraba que las copas no estuvieran sobre la mesa. Eran los sirvientes quienes llevaban las copas llenas a los comensales y las retiraban vacías para volver a llenarlas fuera de escena. Entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, se extendió la costumbre de tener copas y botellas en la mesa. Al comenzar a estar a la vista, las copas comenzaron a ser más estéticas y, poco a poco, también más específicas. Y fue allí cuando inició la aparición de distintas formas de copa adecuadas a diferentes vinos.

Los vinos blancos, así, son servidos en copas de cáliz más pequeño y cerrado que los vinos tintos. De esta manera, la temperatura de servicio (que en blancos debe ser menor que en tintos) se mantiene mejor y los aromas llegan más directamente a la nariz a pesar de que el vino esté frío. Este tamaño y forma, además, preserva mejor la acidez.

En el caso de los vinos tintos, la forma más amplia y abierta de la copa tiene como principal meta la de suavizar los taninos y los sabores más ásperos a través del mayor ingreso de oxígeno. En el mercado suelen encontrarse dos modelos de copa diferentes para tintos, bautizadas informalmente como “Borgoña” y “Burdeos”.

La primera, más corta y abierta, funciona mejor con tintos de cuerpo ligero como pinot noir, también con rosados e incluso con blancos de mucho cuerpo o con madera, ya que su forma permite “recolectar” y percibir mejor los aromas delicados de este tipo de vinos.

La segunda, de mayor altura y tamaño, es ideal para tintos más potentes de cepas como syrah o cabernet sauvignon, o con crianza en madera nueva. Como ya mencionamos, el gran tamaño y apertura mitiga taninos y sabores demasiado especiados, ofreciendo una sensación más redonda.

Diseño y material
Independientemente de la forma de la copa, también hay que tener en cuenta algunos aspectos del diseño. El borde de la copa puede parecer un simple detalle, pero su grosor desempeña un papel significativo en la experiencia de degustación. Un borde más delgado es menos intrusivo, permitiendo que el vino fluya suavemente sobre la lengua y dirigiendo el líquido a las diferentes zonas de sabor en la boca.

El material también marca una diferencia, especialmente en relación a la manipulación y la constancia de uso. “Dentro de Volf existe una copa para cada tipo de vino. Y, aunque parezca mentira, también existen diferentes calidades de cristal para diferentes tipos de vino”, explica Leandro Vainberg, propietario de Volf.

“Nosotros trabajamos principalmente tres calidades de cristal. Una es la que se usa 100% para eventos de catering o cuando se utiliza más cantidad: copas de vidrio templado para mayor durabilidad”, agrega. “Después tenemos un intermedio de cristal fabricado a máquina. Y después tenemos como novedad las copas Handmade, fabricadas a mano. La vedette, en este punto, es la copa híbrida, fabricada mitad a mano, mitad a máquina. Y creo que pueden ser útiles tanto para el segmento gastronómico como para los que quieren empezar a tener una copa de nivel a la hora de degustar vinos en sus casas”.

“Como tenemos un abanico tan amplio de calidades, tenemos para diversos tipos de restaurantes. Hay, por ejemplo, cristalería de vidrio templado para restaurantes que manejan mucha cantidad de rotación, un intermedio de calidad con copas de cristal fabricadas a máquina y después tenemos las copas Handmade con un acento mayor en la calidad y liviandad”; explica Vainberg.

El alto estándar de calidad de estas copas las hizo formar parte, el domingo 17 de noviembre en el Hilton Buenos Aires, de dos seminarios organizados por Wines of Argentina en el marco de la visita al país de un destacado grupo de Masters of Wine. El servicio de vinos estuvo a cargo de profesionales que formaron parte del top ten en el último certamen Mejor Sommelier de Argentina.

La primera sesión estuvo dedicada a vinos de los valles sanjuaninos de Pedernal, Calingasta y Zonda, y a Córdoba. La segunda, a exponentes de Patagonia y Costa Atlántica.

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