Michelle Elbaum: conocimiento, entrenamiento, compañerismo y vocación

Conocimiento, entrenamiento, compañerismo y una enorme vocación por compartir. En esta entrevista, Michelle Elbaum nos cuenta el camino que la llevó desde el Derecho hasta la sommellerie, su experiencia en el Concurso Mejor Sommelier de Argentina y la manera en que hoy transforma todo ese aprendizaje en docencia, comunicación y formación.

Llegar al Top 10 del Concurso Mejor Sommelier de Argentina implica mucho más que estudiar vinos. Detrás de cada participante hay horas de preparación, catas, servicio, dudas, aprendizajes, equipos y personas que acompañan el camino.

En el caso de Michelle, ese recorrido tiene además una historia singular. Abogada de formación, llegó a la sommellerie casi de manera inesperada, impulsada por la curiosidad y por la necesidad de encontrar nuevos desafíos profesionales. Se formó en la Escuela Argentina de Sommeliers, atravesó una carrera marcada por la virtualidad de la pandemia, se graduó con mención de honor y, pocos años después, volvió a ponerse a prueba en el escenario de la competencia nacional.

Pero quizás una de las claves de su mirada está en lo que sucede después del concurso. Hoy Michelle es docente, comunicadora y capacitadora, y entiende el conocimiento como algo que se construye junto a otros y, sobre todo, que debe compartirse.

En esta conversación nos habla de su formación, de cómo se prepara para competir, del valor del entrenamiento colectivo, de los nervios, de los aciertos y de los olvidos que también forman parte de la experiencia. Y nos cuenta cómo todo ese universo de conocimiento puede transformarse, finalmente, en algo tan simple y poderoso como escuchar al otro y encontrar aquello que estaba buscando.

Raíces y Formación

El comienzo: ¿Cual crees que fue el puntapié en tu vida para elegir esta profesión? que cosas te motivaron en ese momento?
La profesión de la sommellerie me agarró de sorpresa. Yo soy abogada, me recibí a los 24 años y quería darle una vuelta a mi carrera profesional, estudiar algo nuevo. A partir de ese trabajo comencé a litigar en Mendoza, y mi curiosidad me fue llevando de bodega en bodega. Me parecía alucinante la posibilidad de trabajar con el vino.

Fui preguntando e investigando hasta que di con la carrera, que tenía muchos de los componentes que yo buscaba.

Filosofía y mentores: ¿qué escuela elegiste para formalizar tu pasión por la sommellerie y cuál consideras que fue la herramienta más valiosa que te dio esa casa de estudios? Y Mas allá de los libros … nuestra profesión se moldea viendo a otros, compartiendo … Durante tus años formativos, ¿hubo algún mentor que haya marcado definitivamente tu estilo de hospitalidad y comunicación?

Estudié en la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS Buenos Aires), en uno de los momentos más desafiantes de la educación que fue en la pandemia. Hice el ingreso en el año 2019 y todos saben lo que pasó en 2020, así que fue un gran desafío estudiar una profesión tan sensorial desde la virtualidad. Por suerte Marina Beltrame y todo su equipo le encontraron la vuelta para poder lograrlo.

Me gradué en 2022 con mención de honor y luego en 2023 me sumé al equipo docente del cual sigo formando parte.

La EAS fue mi nave nodriza: me brindó las herramientas necesarias para empezar a construir mi camino como sommelier. No podría pensar mi carrera sin el apoyo incondicional de todo el equipo de la escuela, destacando el acompañamiento de Marina y también de Stefy Paiva, mi punto de referencia académico.

Además en la escuela encontré colegas y grandes amigos con los cuales podemos compartir más de una etiqueta especial y debatir sobre nuestra hermosa rutina.

La actualización constante: Sabiendo que el mundo de la Sommelerie es una materia viva y dinámica, ¿Cómo complementaste los estudios iniciales para alcanzar el nivel enciclopédico que exige pertenecer al top 10 nacional?

Considero que la carrera otorga los cimientos para comprender qué significa ser sommelier: salimos preparados para comunicar y desempeñarnos con responsabilidad

Para pensar en competir, fue crucial hacer mayor foco en absolutamente todos los temas que se ven en la carrera y mucho más. Por dar un ejemplo, si se elige una región para profundizar, tengo que conocer sus suelos, ríos, vientos, productores, volúmenes, cepas, etiquetas, qué insumos utilizan y podría seguir.

Un trabajo sensato para alguien que se prepara para una competencia es buscar libros de cualquier tema vinculado, expandirse y pensar fuera de la caja a la hora de estudiar.

A veces, saber una región de Grecia por sobre una de Francia puede hacerte ganar o perder puntos. La variedad de temas es enorme.

También para el concurso del 2022, por ejemplo, complementé mi trabajo de aquel momento trabajando en servicio en dos restaurantes completamente diferentes para adquirir la gimnasia del sommelier en restaurant.

El Entrenamiento: Rumbo al Concurso 2025

Mapeo y cronograma: Llegar a las instancias del certamen de la AAS requiere un cronograma muy personal. ¿Cómo estructuraste tu calendario en los meses previos para equilibrar la teoría, la cata a ciegas y las pruebas de servicio?

A diferencia de 2022, en este concurso decidí empezar con mayor anticipación la parte teórica. Arranqué un año y medio antes, calculé cuánto tiempo me quedaba y traté de balancear qué temas creía que eran más importantes, sin olvidar que la parte práctica es un gran componente de las pruebas. Todas las semanas dediqué tiempo a ambas cosas. Esta vez me sirvió mucho sacarme los temas más sencillos al principio y dejar algunas cosas más pesadas para el final. También me resultó útil no encarar un solo tema por semana. Por ejemplo, mezclaba una región de Francia con un destilado y un tema al azar, como quesos, para permitir que la cabeza fuera de un lado al otro. Todos los temas los estudié en idiomas diferentes.

Manejo del estrés y el escenario: Las pruebas de servicio (y con el reloj en contra) ponen a prueba la templanza de todos. ¿Cuál fue tu estrategia psicológica para mantener la elegancia, la empatía y la precisión técnica bajo esa presión extrema?

Entrenar. Es imposible ser elegante cuando no practicaste antes. Las pruebas de servicio se tienen que hacer con memoria muscular, porque son los obstáculos los que nos ponen en jaque y nos desarman.

No solo hay que entrenar la prueba pura y dura, sino que también es inevitable entrenar diferentes escenarios: cuál puede ser la trampa en cada caso, qué puede aparecer. A veces puede ser el tiempo de la prueba o puede ser otra cosa.

Luego, el día de la competencia, cada uno se conoce. Personalmente, trato de pasar el tiempo disfrutando la competencia y el compartir. Por ejemplo, en la última edición hicimos una mesa de tutti frutti para divertirnos durante la espera.

Igualmente, los nervios te juegan en contra y, por más que entrenes mil veces, te olvidás de lo más obvio. Puede pasar, y me ha pasado.

El entrenamiento colectivo: Muchos competidores forman equipos de cata. ¿Qué rol jugó el compañerismo y el cruce de información con otros colegas a la hora de afilar tus sentidos para este último campeonato?

Considero que es obligatorio. No puedo concebir el entrenamiento sin un equipo que te acompañe. No solo porque es preciso escuchar otras voces además de la propia, sino porque uno aprende de catar con los compañeros. Alguien leyó, probó algo que vos no, o le aplica un descriptor a alguna bebida que te ayuda la próxima vez que cates.

Lo más importante es el acompañamiento. En un entrenamiento tan largo hay una montaña rusa de sensaciones y es fundamental una risa, un abrazo, un chiste para descomprimir, un día juntarse a catar y que termine siendo un día de catarsis.

En el último concurso, Marina y Stefy me confiaron el entrenamiento del equipo de sommeliers exalumnos de la EAS, lo cual fue un doble desafío a la hora de pensar cómo encararlo,

Desde el día 1 que comenzamos a estudiar les dije: “Esto es un equipo hasta que crucemos la puerta de la competencia”, y eso lo sostuvimos hasta el último momento, incluso en los recreos entre prueba y prueba. Para mí fue muy importante armar el equipo. Durante el año y medio hicimos juegos, meditamos en conjunto y nos escribimos deseos unos a otros. Fue fundamental.

La Rutina de un Top 10

La coreografía diaria: Todos sabemos que la vocación se defiende cada día. ¿Cómo es una jornada típica en tu rol como Somme Actualmente?

Actualmente me puedo definir como docente y comunicadora, desde un rol académico formal y no formal.

Por un lado, me encuentran en la Escuela, principalmente como profesora de segundo año de la carrera y examinadora. Allí, la formación de nuevos profesionales es de una responsabilidad enorme. Para mí, lo más importante es compartir todo lo que pueda del conocimiento, democratizarlo: de nada sirve que todos los textos y vinos que probé me los guarde para mí. Mi estandarte es que salgan comunicadores que lleven adelante la profesión con responsabilidad.

Luego, mi vocación docente se expandió a mi proyecto personal, una consultora gastronómica orientada principalmente a la formación de equipos de salón. Trabajo con equipos completos, de todos los niveles y roles. Además de los aspectos básicos del servicio, buscamos defender la historia de los lugares de trabajo. Muchos fueron Cafés y Bares Notables, como Confitería La Ideal, Caffè Tabac, Petit Colón y Las Violetas.

También desarrollo cartas de vino y algún que otro evento, en los cuales trato de crear experiencias a medida de cada cliente.

En todos los espacios que habito utilizo herramientas de educación no formal, como juegos. Para mí es muy importante que la gente la pase bien y se divierta mientras aprende. Suena cliché, pero es así.

El entrenamiento invisible: Con el agotamiento propio de la gastronomía o la docencia, el cansancio puede ser el gran enemigo del paladar. Dentro de tu vorágine laboral, ¿en qué momento encontrás el espacio y la concentración para seguir catando de forma técnica y analítica?

Cuando no tengo un entrenamiento activo, mi principal entrenamiento aparece en la escuela o cuando nos reunimos en grupo a catar. Catamos a ciegas para tratar de no perder el hábito.

Además, las ferias son un espacio clave. Trato siempre de ir con mi cuadernito y un spitter, catar responsablemente y aprovechar la exposición a la diversidad de etiquetas.

Somos un puente hacia el consumidor: Toda la destreza que demostraste en el concurso solo tiene verdadero sentido si enriquece a quien se sienta a la mesa. En tu rutina habitual, ¿cómo lográs traducir toda esa complejidad académica en una recomendación cercana, clara y memorable para tu cliente?

La enorme biblioteca mental me ayuda a construir una recomendación hecha a medida para el cliente. Escuchar lo que desea y poder encontrar aquello que pueda generar un encuentro perfecto —no solo con vino— es muy satisfactorio. Y más todavía cuando después te escriben o te dicen que les “leíste la mente”.

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