El rugido del Litoral: el triunfo del Tannat de Entre Ríos

Por Nicolás Orsini

En el mundo del vino, hay victorias que valen doble. Ganar una medalla es un logro, pero ganarla «de visitante», en la cuna sudamericana de una variedad y compitiendo contra los mejores exponentes del mundo, es una consagración. Esto es exactamente lo que logró Bodega Los Aromitos, de la colonia Ensayo en Entre Ríos, al obtener la medalla de oro en el concurso internacional «Tannat al Mundo», celebrado en Uruguay.

Este galardón no es solo un premio a un vino; es la validación de una historia, de un terruño y de la obstinación de una provincia que busca recuperar su lugar en el mapa vitivinícola argentino.


Ganar en el «Maracaná» del Tannat
La satisfacción en el equipo de Los Aromitos es palpable. Era la primera vez que la bodega participaba en un concurso de esta magnitud, buscando medirse con los grandes. «Estábamos en la búsqueda de alguno que valga la pena», comenta Mauro Jacob, encargado de comunicación y ventas de la bodega. Fue así como dieron con este certamen avalado por la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).

El desafío era mayúsculo: participaron vinos de Francia, Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, México, Perú y Bolivia. Las reglas eran estrictas, ya que por reglamento solo el 20% de las muestras presentadas podían acceder a una medalla, lo que reducía drásticamente las chances entre las más de 160 etiquetas en competencia.

Sin embargo, el Tannat entrerriano se impuso. Junto con una bodega de Salta, fueron los únicos representantes argentinos en alzar el oro. Este triunfo es visto por Mauro y el equipo de la bodega como “una reivindicación para la provincia, demostrando que en Entre Ríos se pueden lograr grandes cosas y vinos de calidad internacional”.


El ADN del Tannat entrerriano: ¿a qué sabe el Litoral?
Para entender por qué este vino sedujo a un jurado experto, hay que comprender su identidad. El Tannat de Entre Ríos no es igual al de Salta ni al de Mendoza; tiene un carácter propio marcado por la geografía.

Según explican desde Los Aromitos, el ADN de su Tannat se define por una “característica herbácea distintiva”. A diferencia de otras regiones con más sol y menos agua, aquí la influencia de las lluvias y el clima mesopotámico “resalta notas de eucalipto y aromas terrosos, que conviven armónicamente con la fruta negra típica de la variedad”.

Las lluvias, que podrían verse como un enemigo, en este caso ayudan a configurar un perfil aromático único. «Tal vez las lluvias un poco más abundantes y por ahí menos sol expresan mejor esas notas que la nota particular de fruta madura», señalan, aunque aclaran que la maduración de la uva en su viñedo es excelente.


El secreto agronómico: domar la humedad
Cultivar vid en una zona húmeda como el Litoral argentino presenta desafíos muy diferentes a los del desierto cuyano. El principal enemigo es la humedad y el riesgo de enfermedades fúngicas. ¿Cómo logra Aromitos una sanidad perfecta para ganar un oro? La respuesta está en el sistema de conducción en lira. Gracias a este sistema, la planta crece más abierta y separada, permitiendo aprovechar al máximo las horas de insolación y, fundamentalmente, la circulación del aire. Al tener el viñedo ubicado en una lomada cerca del río y a cierta altura, existe una brisa constante que, sumada a la apertura de la lira, seca rápidamente la viña después de la lluvia.

Esto se complementa con un trabajo manual exhaustivo de desbrote y raleo de hojas y racimos, una labor de horas indispensable para lograr un vino de alta gama en este terruño.


«Fácil de cultivar, difícil de vinificar»
Desde la bodega tienen una máxima: el Tannat es una cepa noble en el viñedo, pero rebelde en la bodega. «Es fácil de cultivar pero difícil de vinificar para lograr un vino que sea amable, equilibrado», confiesa Mauro.

El objetivo enológico de Los Aromitos es «amansar» al Tannat. Buscan la sedosidad y el equilibrio, incluso en sus vinos jóvenes. De hecho, el vino premiado es justamente un ejemplar joven que, sin necesidad de pasar meses y meses en barrica para domar sus taninos, logró presentarse amable y listo para beber.


Una historia de prohibiciones y renacimiento
El Tannat no es un recién llegado a Entre Ríos; es, de hecho, su variedad insignia por derecho histórico. La cepa llegó a la provincia en 1860 de la mano de inmigrantes vasco-franceses, específicamente la familia Jauregui.

La historia cuenta que desde Entre Ríos llevaron estacas a Uruguay para entregarlas a Pascual Harriague (conocido como el padre del Tannat uruguayo) en la ciudad de Salto, cruzando el río desde Concordia.

Sin embargo, la historia fue injusta con la margen argentina. Mientras en Uruguay la cepa florecía y se convertía en identidad nacional, en Entre Ríos la producción fue aniquilada por leyes nacionales y prohibiciones que buscaron concentrar la industria en Cuyo, haciendo desaparecer una cultura vitivinícola floreciente. Hoy, bodegas como Los Aromitos están recuperando el legado de 1860 y demostrando la vigencia de ese terruño original.


Derribando prejuicios copa a copa
El camino no ha sido fácil. Los Aromitos fue uno de los proyectos pioneros en este resurgimiento vitivinícola de la provincia, y les tocó transitar la etapa más dura: convencer al consumidor.

«Pasamos por toda esa etapa de que la gente no quiera probar tu vino», recuerda Mauro Jacob. Tuvieron que enfrentar el escepticismo en ferias y eventos, invitando a degustar «de cualquier manera» para romper la barrera del prejuicio.

Hoy, la estrategia de las catas a ciegas sigue siendo su mejor aliada. En estos eventos, la reacción de la gente es de «total sorpresa» al descubrir que el vino que tanto les gustó proviene de Entre Ríos, eligiéndolo muchas veces por encima de etiquetas de regiones más tradicionales.


El maridaje del Litoral
¿Con qué se acompaña un Tannat entrerriano? Si bien es un vino con estructura, su acidez y perfil permiten juegos gastronómicos muy interesantes arraigados a la región.

En la zona de Colonia Ensayo y alrededores, hay una fuerte influencia de aldeas alemanas, lo que aporta comidas grasas que limpian muy bien el paladar con los taninos del Tannat. Pero el maridaje estrella es el local: los pescados de río.

A diferencia de lo que dicta el manual (blanco con pescado), el Tannat de Los Aromitos se lleva bien con pescados grasos del Paraná, como el pacú o el dorado, especialmente si van acompañados de salsas contundentes. Además, han instaurado junto a la comuna local la «Fiesta del Vino y la Empanada», validando al Tannat como el compañero ideal de la empanada argentina.


Entre Ríos vuelve al mapa
La medalla de oro en Uruguay es mucho más que un trofeo para una vitrina. Es la confirmación de que Entre Ríos ha vuelto al mapa de la vitivinicultura nacional con voz propia.

No se trata de copiar a Mendoza ni a Salta, ni tampoco a Uruguay. Se trata de entender el lugar, adaptar el manejo y dejar que el clima y el suelo se expresen. Como concluyen desde la bodega, “demuestra que en Entre Ríos se pueden lograr grandes cosas».

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