Por Camila Barreiro
Mucho se habla del “vino argentino en el mundo” y del protagonismo del Malbec puertas afuera. Menos visible es el trabajo de quienes lo narran, lo defienden y lo posicionan en otros mercados. Nicolás Trejo, Brand Ambassador Comercial de Argenwine (la importadora creada por Héctor y Pablo Durigutti), es una de las piezas clave en la construcción del vino mendocino en España.
La charla sucede en Corchito Bar de Vinos, escenario natural para hablar de este puente cultural que parece dado, pero tiene detrás estrategia, gestión y mucho trabajo de campo. Entre copas -una de ellas incluso desarrollada por él- Nicolás comparte su mirada sobre el presente del vino argentino en España y los espacios que hoy amplifican su voz.
-¿Cómo es en lo cotidiano tu trabajo como brand ambassador?
-Pocas bodegas tienen uno. A nosotros nos compensa porque también tenemos una bodega en Galicia y hasta empecé a desarrollar vinos. Generalmente hay dos formatos para traer vino acá: uno es el formato directo donde llega el volumen desde las bodegas y, por otro lado, está el del hub logístico, que compensa mucho más. Porque los vinos ya están acá y es más atractivo porque no tenés que vender pallets, sino que podés ofrecer 10 cajitas para probar si nadie te conoce.
-¿Cómo eligen qué vinos importar?
-Yo, que estoy más en el mercado, soy el que arma el portfolio. Veo qué nos suma, no nos compite y nos agrega. Lo hacemos con la gente más cercana, que tenemos buena onda. El resto, todo de la Bodega Durigutti.
-Y, en ese porfolio, ¿cómo se estructura el consumidor de vino español?
-El consumidor de vino en Buenos Aires está super educado, mucho más que acá. Acá no saben tanto de variedades sino de denominación de origen. Saben qué es un Rioja, Rías Baixas o un Ribera, pero no hablan de cepas o productores. El público elige vinos más concentrados, con mucha madera.
-¿Seguimos siendo sólo Malbec?
-Sí, pero no estamos hablando de tendencia sino de masividad. Lo que más funciona es el Malbec clásico, con madera. Pero, en los últimos años, empieza a haber un consumidor mucho más curioso, con ganas de probar otros estilos y cosas nuevas. Y a mí, que estoy super activo en probar el mercado, me pasa que en esa cosa de buscar curiosidades siempre encuentro la oportunidad de meter una Criolla argentina o un Cabernet Franc.
-¿Cómo se hace ese juego de curiosidades y selección?
-Lo que más pega es lo que tiene correlatividad. Es decir, buscar referencias que tengan cierta relación con productos de acá para poder presentarlas. Por ejemplo: el Cabernet Franc se populariza entre los que conocen el Loire y la Criolla Chica es el Listán Prieto de Canarias.
-¿Cómo se hace la búsqueda para entender a dónde llevar cada vino?
-Es importante aclarar que todos son vinos de gama más alta, entonces siempre son lugares donde hay un sommelier o alguien que sabe de vinos. Es fundamental que haya una persona con ganas de empujar, capacitar y comunicar algo diferente.
-¿Y cambia mucho entre Madrid y el resto de España?
-Cuanto más te alejás de zonas cosmopolitas, el consumo se vuelve más local. Entonces, mi estrategia comercial, es buscar esa correlación. Entender lo que se consume en ese lugar y buscar un hilo conductor.
-¿Quiénes son los mayores consumidores de vino argentino?
-Es importante hablar de la diáspora argentina. Hoy hay 400 mil argentinos viviendo acá. Hace un mes di una cata en Valencia y eran todos argentinos menos un español, que era pareja de una argentina. Entonces, es un consumo que empieza a ser importante. Lo argentino para los argentinos.
-¿Qué vinos España te parecería interesante llevar a la Argentina?
-Acá es muy atractivo todo lo que es el vino de Jerez. En eso a nosotros nos falta un montón, porque acá tienen años de evolución. Además, algo interesante que pasa tanto acá como en Italia, es que hay muy buena relación de precio-calidad. Empieza a rendir llevar vino de España para allá. Sumado a que Argentina se encareció mucho. Quizás por 12 euros podés comprar vinos complejos, ricos y hechos por pequeños productores.
-España vive de cañas y vermut ¿el vino también se consume más por copa?
-Sí, los vinos se venden en la barra. Si vendés vinos solo por botella, vas a vender poco. La gente toma copitas por la cultura del tapeo. Tal vez tomás muchas copas, pero estar en una barra y pedir botella es raro. Sin embargo, algo común acá, es que en las barras se abran magnum. Las bodegas lo hacen y los bares la tienen.
-¿Hay algún vino subrepresentado?
-Argentina sigue siendo muy Mendoza-centrista, entonces hay regiones a las que les cuesta un poco más. En primer lugar, a la que más le cuesta, es a la Patagonia porque el Merlot es muy Burdeos y el Pinot Noir es muy Borgoña; entonces tienen una desventaja precio-calidad muy grande.
-¿Ves nuevas oportunidades?
-Creo que la gran oportunidad que tienen los vinos argentinos es ir a la tendencia. Hay un caso muy emblemático que es el de Chile, que apuntó mucho al volumen y hoy no es visto en el mundo como vino de calidad. Argentina está considerado como vino de calidad, por eso creo que la oportunidad es seguir profundizando. Por eso, volviendo al principio, hay que resaltar lo emblemático de la Criolla y cómo se está dando a conocer. Ese es nuestro caso de éxito.
-Estamos en Corchito Bar de vinos ¿qué otros dos lugares de Madrid destacarías por sus vinos para los sommeliers que visiten la ciudad?
-Vinology, de Pilar Oltra, que es una super embajadora del vino argentino acá. Y Parrilla Lana, que tiene 400 referencias de vino argentino y compran botellas por todo el mundo.