Por Manuel Recabarren
Patricio Zárate (segundo puesto)
“Es mi primera participación en un concurso relacionado al mundo del vino y no tenía claro con lo que iba a encontrarme. Es cierto que uno nunca se prepara solo, generalmente tu entorno (tanto laboral como personal) te ayuda y te guía en función del camino que hayas decidido seguir en relación a tu estrategia de estudio. Hoy, varios meses después de haber finalizado el concurso solo tengo buenos recuerdos y agradecimientos para con todas las personas que estuvieron para ayudarme, y explicarme los cómos y los porqués de lo que significa un concurso nacional de sumilleres.
La experiencia de presentarse a un concurso de esta índole sólo puede ser positiva si uno se lo toma en serio, por el hecho de que la constancia diaria a la hora de sentarse a estudiar y a catar -durante los meses previos a la prueba- resultan en que uno sea un mejor profesional. Se trata de invertir cientos de horas con un único objetivo al margen de un incierto resultado: saber un poco más de vino”.
James Still (tercer puesto)
«Me anoté en el concurso con la esperanza de que el examen me iba a mostrar cuales son las temáticas que más tengo que trabajar para mejorar como sommelier. Me puedo perdonar no reconocer una apelación de Eslovenia, pero si hay equivocaciones con conceptos más fundamentales, como la viticultura, quiero llegar a la raíz de esa incertidumbre. La idea era despejar dudas y ganar seguridad, y en ese sentido la experiencia me ha servido mil. Ni hablar de la oportunidad de conocer gente de todos lados. Sí, es un concurso que te va a desafiar, hacer sentir incómodo quizás, pero te va a devolver muchísimo. ¡Mi agradecimiento total a la AAS!»
Lucía de Bueno (cuarto puesto)
“Participar del Concurso Mejor Sommelier de Argentina fue una experiencia profundamente valiosa, más allá del resultado. Alcanzar el cuarto puesto es un reconocimiento importante, pero lo más significativo fue el proceso: volver a estudiar, actualizar conocimientos y, sobre todo, enfrentar una instancia de autoconocimiento, donde la verdadera competencia es con uno mismo.
El concurso funciona como un espejo, te permite descubrir cómo rendís bajo presión, cómo gestionás los nervios y cómo respondés en una jornada intensa de exámenes, aislándote un poco de la vorágine laboral y personal para adentrarte en el camino del concurso. Me quedo con el crecimiento profesional y con la certeza de que estas experiencias nos fortalecen, nos ordenan y confirman, al menos en mi caso, que la presión me impulsa”.
Delvis Huck (quinto puesto)
“Del concurso uno siempre se lleva el crecimiento de seguir aprendiendo, de seguir confirmando nuestra profesión. Es una evaluación con un foco muy internacional y permite ver lo amplio e infinito que es nuestro objeto de estudio, uno tiene que estar actualizándose todo el tiempo para estar mantenerse al día, para estar a la altura. Nuevos países, nuevas geografías, todo tan lejano para nosotros. Y también profundizar sobre lo que ya sabemos: la viticultura y sus raíces, la coctelería, el café y la cerveza, por ejemplo. Hay que mantenerse super activo para no quedarse atrás, el concurso es un buen incentivo”.
Paula Cardozo (sexto puesto)
“Con lo que más me quedo es la imagen de vernos todos juntos ahí. Me queda la emoción a flor de piel. Cada uno con su proceso interno, pero con un sueño en común. Seguir profesionalizándonos, midiéndonos a nosotros mismos. Más allá de la experiencia de crecimiento propia y de como una instancia de estar al día siempre, sabernos muchos es algo que me impactó y me emocionó también.
También nos deja hacer una prueba personal de superación, de saber que siempre se puede dar más, que el mundo del vino es inmenso y que es muy lindo poder tomar estas instancias para ponernos al día, compartir también con colegas, información, sensaciones, formas de estudio, creo que eso también fue lo lindo de este camino”.
Lucas Di Pasquale (séptimo puesto)
“La preparación para el concurso es algo muy personal, pero en mi caso siempre me llevó a participar en grupos con colegas con quienes acompañarnos en este camino, lo cual considero un beneficio absoluto. Luego, al competir durante el certamen, poder vincularse y compartir la experiencia con más colegas es algo que valoro mucho también.
El concurso impacta siempre. Cada certamen es distinto y creo que la experiencia que uno se lleva es el diferencial para lo que viene. Concursé tres veces -2019, 2022 y 2025- y siempre encontré una nueva y fuerte motivación para encarar la preparación del siguiente”.
Michelle Elbaum (octavo puesto)
“Este certamen me trajo un doble desafío: entrenarme a mí y capacitar a otros concursantes. Durante un año y medio entrenamos todas las semanas teoría y práctica, forjando no solo el carácter individual de cada concursante si no un gran sentido de pertenencia como grupo que nos hizo disfrutar cada minuto de la competencia.
La vara del certamen es cada vez más alta, y me sorprendo de los progresos que obtuve de un certamen a otro. Seguramente es una experiencia que nos deja con ganas de seguir aprendiendo y mejorando como sommeliers”.
Poli Groppo (noveno puesto)
“Participar del certamen fue una experiencia de muchísimo aprendizaje. Me ayudó a ver mis fortalezas y mis áreas de mejora, a tener en cuenta los tiempos, trabajar bajo presión y la importancia del estudio intenso y sostenido. Fue fundamental el apoyo de la escuela y poder atravesar este camino con colegas, poder compartir datos curiosos, vinos interesantísimos y sobre todo emociones. Todo esto hizo que la experiencia fuera mucho más enriquecedora.
Más allá del resultado, el concurso reafirmó mi vocación por seguir creciendo como sommelier, seguir aprendiendo e involucrarme cada vez más en el mundo del vino con una mirada crítica, curiosa y en constante evolución”.
Priscilia Scheifler (décimo puesto)
“El camino previo al certamen fue un recorrido de formación constante y trabajo en distintos ámbitos del servicio, la comunicación y la venta de bebidas, combinado con estudio permanente y la experiencia en el día a día, siempre con la motivación de crecer y ponerme a prueba profesionalmente.
Cada participación dejó aprendizajes clave: la importancia de la preparación integral, la gestión de la presión y el valor del feedback. Volver a competir me permitió afinar habilidades, ganar confianza y entender el certamen como un proceso de mejora continua”.