Nueva York fue sede de una gran fiesta vínica. Wine Enthusiast, la prestigiosa publicación estadounidense dedicada a la vinicultura, realizó como cada año su gala Wine Star Awards, donde reconocen a referentes del mundo en distintas categorías.
Para Argentina, la noche tuvo dos gratas sorpresas. Aunque considerando el trabajo enorme que se viene realizando en viticultura en nuestro país, sorpresa suena hasta peyorativo: dos grandes alegrías.
La primera fue el Lifetime Achievement Award para Alejandro Bulgheroni, uno de los premios más importantes de la noche en reconocimiento a una trayectoria excepcional. La epopeya resulta aún mayor cuando se tiene en cuenta que el empresario argentino no lleva una vida dedicada al vino: comenzó a los 64 años y en estas casi dos décadas, su crecimiento fue exponencial. “Mi conexión con la tierra comenzó de otro modo, pero con el tiempo descubrí en el vino una forma de unir tradición, naturaleza y comunidad. Hoy mi mayor satisfacción es ver cómo cada viñedo expresa su propia cultura, y cómo ese espíritu trasciende a través de nuestros vinos”, comentó a Wine Enthusiast.
Además de sus fincas nacionales -tanto en Mendoza como en la Patagonia-, su portfolio vitícola incluye viñedos en Maldonado (Uruguay), Napa Valley (Estados Unidos), Bordeaux (Francia), Barossa Valley (Australia) y distintos pueblos de la Toscana (Italia). “Lo que más disfruto es descubrir cómo cada terroir tiene su propia personalidad y cómo el vino nos permite unir tradición, naturaleza y comunidad, creando cultura, turismo, trabajo y un profundo sentido de pertenencia”, agregó.
No fue el único momento argentino de la velada: el premio a Mejor Bodega de Nuevo Mundo fue para Luigi Bosca. La publicación norteamericana elogió la operación global de la marca y, en particular, su aporte al posicionamiento del Malbec argentino.
Para recibir el galardón estuvieron presentes el Ingeniero Alberto Arizu y Alberto Arizu (h), quien comentó, ante todos los asistentes, que “durante más de un siglo estudiamos los suelos al pie de la Cordillera de los Andes, exploramos alturas impensadas y aprendimos a convivir con un entorno duro y extremo que forjó nuestro carácter, nos enseñó paciencia y humildad, y nos confirmó una convicción que sigue guiando cada decisión: el vino no se impone a la naturaleza, la interpreta. Por eso, recibir hoy el premio a Mejor Bodega del Nuevo Mundo tiene para nosotros un significado muy especial: venimos del llamado Nuevo Mundo, pero con 125 años de historia remasterizando el vino argentino”.
“Recibimos este reconocimiento como una confirmación de que estamos en el camino correcto, con el compromiso de seguir haciendo vinos que nos emocionen, honrar de dónde venimos y trabajar con la misma convicción que nos trajo hasta acá”, concluyó.
Dos nuevas coronaciones de gloria, que no sólo actúan como premios individuales, sino como un refuerzo del camino que emprendió una industria nacional.