La viticultura argentina tiene indicaciones geográficas de calidad por todo el mapa, ya no solo pegadas a la Cordillera de los Andes. En la provincia de Buenos Aires, Balcarce es un referente indiscutido en la producción de vinos de calidad, con Puerta del Abra encabezando la cruzada.
Como con todo lo desconocido, llegar al consumidor general resulta complejo. Así, para introducir al público al fantástico mundo de los vinos bonaerenses, Puerta del Abra lanzó recientemente Bravento, su línea de vinos jóvenes.
“Es una línea que surge con un objetivo muy claro: acercar nuestros vinos a más personas, invitarlas a descubrir lo que puede dar este lugar. Con esta línea buscamos expresar frescura, identidad y honestidad”, comenta Mariana Boero, enóloga de la bodega. “Una real puerta de entrada: a nuestro paisaje, a nuestro clima, a nuestra forma de trabajar y de entender el vino. Balcarce es un terruño que todavía se está contando a sí mismo dentro del mapa vitivinícola argentino, y Bravento es parte de la historia que estamos escribiendo”.
Se trata de una línea de tres vinos: todos jóvenes, todos frescos, todos bi-varietales. Un tinto, de Cabernet Franc y Tannat; un blanco vivaz de Chardonnay y Riesling, y un rosado inusual que combina Pinot Noir y Tannat.
Las etiquetas refuerzan la filosofía del nuevo proyecto: son sencillas, atractivas, divertidas. En ellas se observa a la garza chiflón, ave fantástica que sobrevuela las vides bonaerenses. En cuanto al nombre, “Bravento” surge de la fusión de bravío y vento: la fuerza de la naturaleza y el viento desafiante, parte del día a día balcarceño.
Abriendo nuevos horizontes
Puerta del Abra nació en 2013 de la mano de la familia Pérez Companc. Con su experiencia trabajando campos en Balcarce y, al observar su relieve, entorno paisajístico, la presencia imponente de las sierras y los constantes vientos, intuyó que aquel lugar tenía un potencial único.
Junto a su equipo, convocaron a expertos nacionales e internacionales como Esteban García Bouza, Tomás Hughes y los reconocidos especialistas franceses Lydia y Claude Bourguignon, quienes confirmaron científicamente la riqueza del terroir. El terreno, ubicado en El Vallecito entre las sierras de Tandilia y a unos 60 km del océano Atlántico, reveló suelos calcáreos escasos en el mundo, amplitud térmica ideal y una exposición ventosa que protege la vid y mejora su sanidad.
Impulsados por un verdadero espíritu explorador, decidieron ser pioneros en plantar viñas en un entorno poco convencional al sur de la provincia de Buenos Aires, una región hasta entonces fuera del mapa vitivinícola nacional.