Por Manuel Recabarren
Solemos repetir que el vino es mucho más que una bebida. Es cultura, es emoción, es cariño. Pocos ejemplos lo demuestran tan claramente como el nuevo blend tinto de Bodega Fin del Mundo: Surpina, en homenaje a la bisabuela de Juliana Del Águila Eurnekian.
“Surpina no es solo el nombre de un vino. Es el homenaje a una mujer, mi bisabuela, que fue la columna vertebral de nuestra familia. Nacida en Armenia, tuvo que dejar su hogar durante la guerra y comenzar de nuevo en Argentina. Lo hizo con coraje y sensibilidad, y fue sostén, refugio y transmisora incansable de valores. Este blend representa mucho más que un vino: es un puente entre historias y terroir”, comenta Juliana.
El flamante Surpina 2021 es un corte bien particular entre Syrah (90%) y Petit Verdot (10%). Las uvas provienen de parcelas seleccionadas en San Patricio del Chañar, Neuquén. Clima desértico, amplitud térmica y suelos pedregosos parecen ser la clave para lograr vinos con expresividad y balance. Y para los neuquinos, 2021 fue una muy buena añada: “fue un año climático muy parejo, sin sobresaltos, lo que nos permitió trabajar con una fruta sana y balanceada. Eso se traduce en un vino largo, sedoso y con taninos muy amables”, cuentan desde la bodega.
Ambos componentes fermentaron en barricas y fueron criados durante quince meses en roble francés de distintos usos, antes de realizar el corte final. El resultado es un vino profundo, de personalidad marcada y elegancia inobjetable.
“La idea de homenajearla con un vino nació de forma natural. Yo también vivo entre dos mundos: lo ancestral y lo nuevo, la tradición y la aventura. El vino es mi manera de contar historias, y Surpina merecía una propia. Así surgió este blend, que como ella, se construye en capas y equilibrios únicos”, concluye Juliana.