Alto Agrelo se suma al mapa de Indicaciones Geográficas de Luján de Cuyo

Por Por Ana Paula Arias

Eran los ‘90. La gente se iba a Miami, había cassettes y se vivía una euforia contagiosa después de haber salido de la híper. En los kioscos la cerveza valía $1 y la apertura de las importaciones llenaba las góndolas de vino de afuera. Era la época de los Beaujolais, los Liebfraumilch y los Chianti. El vino argentino todavía era en su mayoría de corte, y los tope de gama tenían nombres que hoy aparecen en el estante de abajo. El affaire con el Cabernet Sauvignon no había durado mucho, pero apenas empezada la década un hito cambió la historia: la Organización Internacional del Vino y la Vid reconoció la Denominación de Origen Luján de Cuyo. La DOC estaba orientada principalmente a la producción de Malbec.

En ese sentido, Carlos Maraniello, Ambassador de Grupo Avinea, comenta que “hay pocos consumidores que saben que allá por 1991 fue un momento histórico cuando se fundó la primera Denominación de Origen Controlada Luján de Cuyo reconocida por la OIV, ese malbec famoso de Luján de Cuyo se posicionó en el paladar de los consumidores, no solamente a nivel nacional, sino también internacional”.

Ese momento ayuda a entender lo que significa el reconocimiento de la Indicación Geográfica Alto Agrelo, no solo porque nos obliga a repensar el mapa del terruño argentino y sus infinitas posibilidades, sino también porque invita a una reflexión sobre la historia de Luján de Cuyo.

-¿Por qué crees que era hora de impulsar la Indicación Geográfica de Alto Agrelo y qué aporta en términos de viticultura respecto a las IG ya existentes en Luján de Cuyo?
-CM: La obtención de la IG pone en valor la identidad. Esta iniciativa que tuvo el grupo Avinea es muy importante. Avinea es propietaria de 232 ha en Alto Agrelo. Esta Ig responde a una tendencia en Mendoza para poner en valor la identidad de las subregiones. Su reconocimiento ayuda a comunicar el carácter propio de cada micro terroir, esa conjunción de suelos, clima y cepajes, sumado a la mano del hombre, facilita que productores y consumidores identifiquen con mayor precisión el origen de Alto Agrelo. Esta zona tiene cosas muy distintivas, no solamente la altura que se diferencia dentro de Luján de Cuyo, sino que también hay pendientes, pendientes de 5% en algunos casos, que hace que las heladas pasen de largo y nos ubiquen en un buen lugar y vaya a otras regiones. También del suroeste a veces vienen unas brisas que hacen que haya mucha sanidad en el viñedo. Hay también diferentes texturas de suelo, desde suelos profundos de 20,30 o 40% de piedra hasta 60 o 70% de piedra, ahí en el cerro Tupungato que cruzás y ya es Valle de Uco. Tiene esas diferencias muy bien plasmadas que la hacen una región única. Es una IG que va a poner en valor esta zona de la que se viene hablando desde hace mucho tiempo.

La magia de un lugar único
Alto Agrelo está ubicado en el pedemonte de Los Cerrillos y, a diferencia de Agrelo donde los suelos son más pesados y con más presencia de arcilla, tiene un suelo más pedregoso donde se encuentran canto rodado y algo de carbonato de calcio.

Cuando se habla de suelos pedregosos en Mendoza, es común pensar en Valle de Uco. En este caso esa relación tiene todo el sentido porque hay, en efecto, una similitud en la composición del suelo, particularmente en la zona baja de Los Chacayes. Junto a la altitud, la pendiente y la intensa exposición solar son los factores que lo convierten en un terroir muy singular que favorece la concentración de taninos, color y aromas de perfil herbáceo. Mientras que algunos lo catalogan como “el” lugar para la elaboración de Cabernet Franc premium, otros se entusiasman con el potencial para la producción de Malbec (desde ya), Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, e incluso Pinot Noir en las zonas más altas.

¿Considerás a Luján de Cuyo un lugar con potencial para seguir descubriendo más indicaciones geográficas?
-CM: Sin duda. A las cinco regiones consideradas con IG, pueden sumarse regiones históricas que marcan un diferencial. Creo que con el tiempo pueden lograrlo zonas como Perdriel, Mayor Drummond, Ugarteche, que está cruzando Agrelo, algún sector del Carrizal sin duda también. Creo que hay que poner en valor este tipo de regiones que le han dado mucho a la vitivinicultura argentina.

-Luján de Cuyo fue la primera DOC argentina. ¿Qué cambió de ese tiempo a esta parte para que hablemos menos de denominación de origen y empecemos a hablar más de indicación geográfica?
-CM: Hace poco hubo un relanzamiento de esta DOC de Luján de Cuyo, sobre la que se hicieron y se hacen muchos esfuerzos para posicionarla y de la que han surgido muy buenos vinos. Pero, en principio, la intención era emular a las Apelaciones de Origen Controlado de Europa y, realmente no tuvo el interés del consumidor: no era algo que pesaba al momento de decidir comprar un vino el hecho de que fuera una DOC. Quizás fue un tema de comunicación y creo que las IG sí están posicionándose mejor. Pienso que el consumidor todavía no entiende 100% qué es la IG, pero el concepto de Indicación Geográfica de una región que demuestra un marco distintivo desde varios aspectos, ahi creo que la gente del mundo del vino y los consumidores muy interesados se les hizo más claro el concepto de IG que el de DOC. Yo personalmente valoro mucho a la DOC, en la cual hay muchas personas involucradas que dieron mucho valor a la vitivinicultura argentina.

Hacia el futuro
El reconocimiento de la IG Alto Agrelo tiene también un efecto en la proyección internacional de los vinos mendocinos. En un escenario donde el origen se vuelve cada vez más relevante, esta distinción no solo ayuda a mirar con mayor atención nuestro mapa vitivinícola, sino que también permite comunicar la variedad y el potencial de Mendoza en toda su extensión. Así, los vinos de Alto Agrelo se suman a la tendencia mundial que pone el acento en la unicidad de cada micro terruño, algo a lo que el Viejo Mundo está acostumbrado y a lo que hace ya varios años se sumaron los productores locales.

En los ‘90 los vinos eran otra cosa, una masa uniforme de etiquetas que competían con novedades europeas y otras bebidas a precios insólitos. El camino era tal vez más áspero, no estaba la huella hecha y las posibilidades, al mismo tiempo, eran muchas. Fue en Luján de Cuyo donde se dio el puntapié inicial para empezar con esto que hoy se entiende como viticultura de calidad en nuestro país, la viticultura de los vinos varietales, de la tecnología al servicio de la producción y de la investigación al servicio de la diversidad de terruños.

El reconocimiento de la Indicación Geográfica Alto Agrelo reafirma la importancia de una zona plagada de tradición y, al mismo tiempo, renueva su perfil más vanguardista.

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