Agustina de Alba y su experiencia en el certamen Mejor Sommelier de Argentina

Por Manuel Recabarren

La décima edición del concurso Mejor Sommelier de Argentina está a la vuelta de la esquina. El evento más esperado de la sommellerie nacional se celebrará entre el sábado 1 y el lunes 3 de noviembre, en el NH Buenos Aires City Hotel (Bolivar 160, Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Cada tres años, el certamen convoca a profesionales de nuestro país para poner a prueba sus conocimientos técnicos, habilidades sensoriales y capacidades de comunicación. Un espacio de encuentro, aprendizaje y camaradería para la comunidad del vino argentino.

A modo de previa al evento, en LetrAAS continuamos repasando las experiencias de concursantes anteriores. En esta ocasión, llegó el turno Agustina De Alba. Doble ganadora (2008 y 2012, con 20 y 24 años respectivamente), comunicadora, autora publicada y creadora de exitosísimos eventos vínicos como Hola Feria y Hola Vino; se dedica a contar el vino de manera relajada, derribando prejuicios y acortando distancias.

¿Qué te motivó a presentarte al certamen Mejor Sommelier de Argentina?
-ADA: Me recibí cuando tenía diecinueve años y obtuve la medalla de honor. En febrero, desde la EAS me proponen presentarme al concurso, que era en agosto. Dije que no, ¿cómo iba a competir con gente que me triplicaba en edad? No estaba motivada.

Después de recibirme, me voy a trabajar a Los Notros, en El Calafate. Pero fui como camarera, no tenía experiencia como sommelier y ya había una, me tocaba cubrir sus francos a veces. La primera vez que lo hago, primera vez acercándome a una mesa, atendí a los dueños de Chateau Le Pin, Fiona Morrison y Jacques Thienpont. Fiona me pregunta cuáles eran mis planes para el año. Les conté que no los tenía claro, que me habían propuesto anotarme al concurso, pero que me acababa de recibir, que no tenía experiencia. Ahí me contesta “bueno, vamos a hacer lo siguiente: preparate para el concurso. Si vos ganás en agosto, en septiembre te invito a Le Pin a hacer vendimia”. Listo, ya tenía la motivación. Gané en agosto y en septiembre me fui para allá.

¿Cómo fue la preparación? ¿Cambió cada una de las veces?
-ADA: Sí, cambió mucho. La primera vez fui a ver qué onda y a los próximos concursos los disfruté muchísimo, no tenía nada que perder. En los últimos había más presión: ya no podía irme peor que la vez anterior.

Desde los 19 hasta los 27 me dediqué a concursar. A medida que pasaban las ediciones, me di cuenta de que tenía que empezar a probar más vinos de afuera, con el conocimiento que tenía a nivel nacional no iba a llegar. Yo nunca había probado vinos del mundo y acá tampoco se veían. Salí a buscar trabajo para irme a vivir afuera. Trabajé en Isla Mauricio, en un Relais & Châteaux que tenía un restaurante con estrella Michelin de Alain Ducasse. Entré para trabajar en el restaurante y terminé como Head Sommelier de todo el hotel. El propósito de toda esa aventura era prepararme para los concursos.

Iba, volvía, concursaba. A la tercera vez ya no me veía viviendo afuera. Era todo muy protocolar, el lugar típico del sommelier. Y adentro mío ya había un Hola Vino gestándose. Está buenísima la parte académica y de conocimiento, me re interesa, pero no me imaginaba toda la vida con un traje metida adentro de un hotel o en un grupo con cinco restaurantes. Demasiada etiqueta, no era para mí.

Tomé la decisión de volver a Argentina. Pero como yo disfrutaba tanto de presentarme a concursos, volví y empecé a trabajar en Aramburu, donde hice otro más. Volví a quedar primera. En el siguiente, cuarta. Me fui unos meses al Celler de Can Roca en España y después a entrenar con Veronique Rivest, una de las mejores sommeliers del mundo, que vive en Canadá. Todo eso fue para compensar la parte internacional que me faltaba por el hecho de haber tomado la decisión de trabajar acá.

En un momento, renuncié a Aramburu y también a los concursos. Ya habían transcurrido ocho años, quería hacer algo propio, nadie estaba acercando el vino a la gente. Los concursos me marcaron mucho. Fueron casi ocho años de mi vida, la mitad de mi carrera.

¿Qué fue lo que más disfrutaste del proceso?
-ADA: Lo que más disfruté del proceso era que me había armado una agenda. O sea, primero eran los concursos y después venía todo el resto. Si tenía un trabajo, el trabajo se tenía que acomodar a mis horas de estudio. Si viajaba, el viaje se tenía que acomodar a mis horas de estudio. Si tenía una vida privada, también se tenía que acomodar a mis horas de estudio. Era la excusa para estar estudiando sin parar, y a mí me encanta estudiar, amo estudiar, amo sentarme, leer, hacer resúmenes. En algún punto, era como una motivación.

Me fue super bien cuando hice la carrera, pero con eso recién estás empezando. A mí los concursos me dieron la posibilidad de integrar el conocimiento.

¿Qué aportó esta experiencia a tu desarrollo profesional? ¿Y al personal?
-ADA: Bueno, mi vida profesional aportó todo. Una vez, hace muchos años, me hicieron una entrevista donde me preguntaban si me hubiera gustado hacer Hola Vino directamente, porque para mí la parte de los concursos fue bastante exigente y a nivel personal las competencias me cuestan y en un ambiente tan competitivo era la parte donde yo no me sentía tan cómoda. Pero siempre siento como que que yo no podría haber hecho Hola Vino, ni lo que hago ahora, sin haber pasado por la parte académica: me llevó a hacer servicio en grandes restaurantes de Argentina y el mundo, me llevó a estudiar, me incentivó a viajar por el mundo, a capacitarme, a relacionarme con gente, a generar contactos.

O sea, el concurso fue siempre el hilo conductor de mis primeros diez años, lo que me impulsó, lo que me abrió puertas, lo que me llevó a conectarme con el mundo del vino a nivel internacional, que me reciban en Chateau Mouton Rothschild en un homenaje a los sommeliers con premios más jóvenes de del mundo en ese momento, que me reciban en Le Pen. En algún punto fue una puerta de entrada al mundo del vino a nivel internacional. Y también una excusa o un objetivo que causó que yo siga estudiando más allá de cuando termine la carrera.

¿Qué le dirías a un colega que está dudando en anotarse?
-ADA: El concurso siempre es positivo. Siempre uno aprende, siempre sale mejor profesional. Si la entrega es con corazón, con pasión, con humildad, con compromiso, con profesionalismo; si la entrega es real al proceso, a disfrutar, transitar, todo es positivo. Si la búsqueda es el resultado, medirte con los demás o tener una buena nota, bueno… ahí no sé. Creo que en ese caso el proceso no está tan bueno, porque uno va con una expectativa muy alta y con mucha presión.

Pero siempre mis mejores concursos no los medí por los resultados, sino por cómo yo los viví. Por mi presencia, por el jugar, por el entregarme. Y ahí para mí es donde está el aprendizaje verdadero, tanto teórico, práctico y técnico como personal.

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